viernes, 30 de noviembre de 2007

A ver quién puede?


Haciendo hora mientras las contracciones se hacen más regulares, dí con este sitio. Sharp Brain, es el "Centro de entrenamiento de tu cerebro" y contiene varios ejercicios en esa línea.
En este cuadro, cada línea horizontal tiene un patrón. Hay que descubrirlo y, así, dar con el número faltante.

Por qué la politica argentina es inentendible para un no argentino: Por el peronismo

Se viene Daniel Estrada en un par (algo más parece) de horas más

jueves, 29 de noviembre de 2007

martes, 27 de noviembre de 2007

El astronauta caído y las 170 toneladas

El astronauta caído (en inglés: Fallen Astronaut) es una escultura de aluminio de 8,5 cm de alto de un astronauta con traje espacial. Es obra del artista belga Paul Van Hoeydonck. Es la única obra de arte en la luna.

En 1971, El astronauta caído fue colocado en la Luna por la tripulación del Apolo 15 junto con una placa que muestra los nombres ordenados alfabéticamente de ocho astronautas y seis cosmonautas que fallecieron en misiones o durante entramientos.

El astronauta es parte de las 170 toneladas de
material abandonado en la superficie lunar, que incluyen -lo escribo y no lo creo- un retrato de la familia Duke.

Sobre Venus hay 22 toneladas, y sobre Marte, 8. Y eso que ni siquiera hemos puesto un pie allí.
Fuente:
wikipedia.

Vaya tienda


La tienda favorita de Spíniak y Lavanderos.

Lo vio
Francisco en Colmenar Viejo, Madrid. Yo lo ví en Microsiervos.

el video de la contingencia

Dados los últimos acontecimentos, este me parece el post más pertinente. Nótese que uno de los autores es nieto de uno de los fundadores del partido de la flecha.

Hume y Rousseau: enemigos ilustrados

Hume y Rousseau: enemigos ilustrados
por David Edmons y John Eidinow. Reportaje del The Guardian, Noviembre de 2007. Citado desde
La Mirada.-

Concebida como investigación periodística, con los salones parisienses como escenario,
"El perro de Rousseau"describe el idilio y la escandalosa pelea entre los filósofos David Hume y Jean—Jacques Rousseau. Hume, que había dado asilo en Londres al perseguido autor del Contrato Social, terminó acusado de un complot imaginario (lo que a Hume más preocupaba era su reputación manchada). Los autores de la investigación narran la trama de ese entuerto.

David Hume, uno de las más grandes mentes modernas, es también ejemplo de inmaculada calidad moral, aclamado en su tiempo por su excepcional virtud. Hume estaba muy orgulloso de esa reputación; se vanagloriaba de su bondad. En 1776, poco antes de morir, sintetizó su vida: era —escribió— "un hombre de carácter apacible, con dominio de mi genio, de un humor abierto, sociable y alegre, capaz de sentir apego pero poco propenso a la enemistad, y de una gran moderación en todas mis pasiones". Luego de su muerte, su amigo, el filósofo y economista Adam Smith, elogió a Hume diciendo que era el modelo de "un hombre tan perfectamente prudente y virtuoso como quizá permita la naturaleza de la debilidad humana". Los biógrafos han aceptado esta imagen, pasando por alto la advertencia: como quizá permita la naturaleza de la debilidad humana. Esa debilidad había enfrentado su prueba más dura diez años antes, cuando Hume ofreció socorrer al filósofo Jean—Jacques Rousseau.

En 1766, Rousseau tenía razones para temer por su vida. Había pasado más de tres años como un refugiado. Su libro El contrato social, con la célebre sentencia inicial: "El hombre nace libre pero en todos lados vive en cadenas", había sido violentamente censurado. Más amenazante para la Iglesia católica francesa fue su Emilio, que llamaba a impedir al clero un papel en la educación de los jóvenes. En París, se libró una orden de detención y sus libros fueron quemados. En las Confesiones, un hito, considerada la primera autobiografía moderna, Rousseau habla del "grito de furia sin par" que se alzó en toda Europa. Tras huir de Francia, había encontrado refugio en un remoto pueblo de su Suiza natal. Pero pronto el párroco del lugar lo acusó de hereje: lo insultaban por la calle; algunos creían que estaba poseído por el demonio.

Una noche, una turba alcoholizada atacó su casa. Rousseau estaba con su amante, la ex ayudante de cocina Thérèse le Vasseur (con quien tuvo cinco hijos a quienes, se sabe, abandonó en un orfantato) y su amado perro, Sultán. Sobre su ventana, cayó una lluvia de piedras. Una "del tamaño de una cabeza" casi cae en la cama de Rousseau. ¿Adónde iría ahora? Su salvador iba a ser David Hume, quien había estado en la capital francesa en 1763, como subsecretario del embajador británico, Lord Hertford.

Hoy a Hume se lo conoce sobre todo por su filosofía, pero en su tiempo era conocido como historiador. El tratado de la naturaleza humana, aunque no exactamente ignorado, no había sido aclamado como la obra genial que es. Pero su brillante y renovadora Historia de Inglaterra en seis volúmenes era un best séller. Tuvo más de cien ediciones y siguió en uso a fines del siglo XIX.

Hume se sentía, con justicia, subestimado. Las "márgenes del Támesis", insistía, estaban "habitadas por bárbaros". A los ingleses no les agradaba —creía Hume— ni por lo que era ni por lo que no era: no era un Whig, no era cristiano, y era escocés. En Inglaterra dominaba el prejuicio anti escocés. Pero la humillación final se produjo en 1763, cuando el primer ministro escocés, con de de Bute, designó a otro historiador, William Robertson, como Historiógrafo Real de Escocia.

Los años que Hume pasó en París serían los más felices de su vida. Se lo recibió con arrobamiento y se lo colmó "de cortesías", según sus palabras. "Lo que más placer me daba era ver que la mayor parte de los elogios que vertían sobre mí se referían a mi calidad personal; a la falta de afectación y sencillez de mis modales, al candor y afabilidad de mi carácter, etc." Sus admiradores franceses le pusieron el apodo de Le Bon David, el buen David. En la capital francesa, no conocerlo se convirtió en la muerte social. La generosa atención que le prodigaban las mujeres debe haberle causado agradable impacto a este cincuentón soltero y obeso. James Caulfield (más tarde Lord Charlemont), que había descrito el rostro de Hume como "ancho y gordo y sin ninguna otra expresión que la de imbecilidad", observó que en París el arreglo de una dama no estaba completo sin la presencia de Hume.

Se lo ensalzaba tanto en los círculos de la corte como en la así llamada "República de las letras", singular territorio de la Ilustración francesa integrado por salones gobernados por destacadas mujeres, reguladoras del tacto y la etiqueta. En los salones, sistema de transmisión de la Ilustración francesa, Hume fue presentado a críticos, escritores, científicos, artistas y filósofos: los philosophes. Entre ellos, se hallaban el "corresponsal cultural europeo", Friedrich Grimm, y los editores de ese vasto compendio, la Encyclopédie, el pionero de las matemáticas Jean D'Alembert y el talentoso Denis Diderot, quien escribió a Hume: "Me jacto de ser, como usted, ciudadano de la gran ciudad del mundo". Hume también se hizo amigo de un apasionado ateo, el Barón D'Holbach, uno de los principales sostenes financieros de la Encyclopédie. Todos decisivos en la pelea entre Hume y Rousseau.

La anfitriona de uno de los salones, la bella, inteligente y moralista Madame de Boufflers, los acercó. El tono íntimo de las cartas que intercambiaron Hume y Mme. de Boufflers indica que él, al menos, se enamoró perdidamente. Hume una vez le escribió: "¡Ay de mí! ¿Por qué no estoy cerca de ti para verte media hora por día?" Ella lo alabó diciendo que "admiraba su genio" y que él la hacía sentirse "hastiada de la mayor parte de la gente con que tengo que vivir". Lamentablemente, Hume quizá haya malinterpretado su galanteo. Cuando el embajador, Lord Hertford, fue reemplazado, la estada de Hume en el paraíso llegó a su fin. Mme. de Boufflers le pidió que ayudara a Rousseau a conseguir asilo en Inglaterra. ¿Cómo podía negarse Le Bon David?

El salvador y el exiliado finalmente se encontraron en París en diciembre de 1765. Hasta entonces, sólo habían mantenido una breve relación epistolar. Dice Rousseau de Hume: "Sus grandes opiniones, su asombrosa imparcialidad, su genio, lo elevarían muy por encima del resto de la humanidad, si usted estuviera menos apegado a ella por la bondad de su corazón". Después de sus primeros encuentros en París, Hume le escribió a un sacerdote amigo un panegírico sin reservas comparando a Rousseau con Sócrates: "Lo encuentro dulce y gentil y modesto y jovial... Es de talla pequeña; y sería más bien feo si no tuviera la fisonomía más magnífica del mundo (...). Su modestia no parece ser buenos modales sino la ignorancia de su propia excelencia".

Varios de sus amigos philosophes trataron de sacar a Hume de su complacencia. Grimm, D'Alembert y Diderot hablaban desde la experiencia personal: habían tenido un espectacular desacuerdo con el beligerante Rousseau y habían cortado toda relación con él. La más estremecedora fue la advertencia del Barón d' Holbach. Eran las 9 de la noche anterior a la partida de Hume y Rousseau a Inglaterra. Hume había ido a despedirse y el Barón advirtió que pronto se desengañaría: "Está abrigando a una víbora en su pecho".

Al principio todo parecía bien. Rousseau, no sólo un pensador radical sino también uno de los novelistas más populares de Europa, fue una estrella en Londres. La prensa celebró la muestra de hospitalidad, tolerancia y equidad británicas. ¡Qué diferentes de los fanáticos y autocráticos franceses! Naturalmente debe haber sido mortificante para Hume, aclamado en Francia, quedar reducido a ser, según la aguda observación de un amigo íntimo de Edimburgo, William Rouet, "el que exhibe al león". El león se paseaba con un atuendo armenio de túnica y gorra con borlas, y lo acompañaba a todas partes su perro Sultán. Hume, atónito, lo atribuía a que Rousseau era una curiosidad. E insistía en su amor por él. "Creo que podría pasar toda mi vida en su compañía sin peligro de que riñamos".

Hume le encontró a Rousseau lugar donde vivir y le consiguió una pensión. Primero, el inmigrante fue hospedado frente a la calle que bordea el Támesis, pero a Rousseau no le gustaba la ciudad, llena de "negros vapores". Se mudó al bucólico Chiswick para alojarse en lo de "un honesto almacenero", James Pullein. En marzo de 1766, el caballero Richard Davenport, rico mecenas, le ofreció su mansión de Wootton Hall. De camino a Wootton, el exiliado se detuvo en casa de Hume el 19 de marzo de 1766. Fue su último encuentro.

Rousseau ya estaba capturado por las sospechas de un complot; advirtió a sus amigos suizos que sus cartas eran interceptadas y sus papeles estaban en peligro. La conjura le era totalmente clara en todas sus ramificaciones, y en su centro se hallaba Hume. El 23 de junio, arrinconó a su salvador: "Se ha ocultado sin éxito. Lo entiendo, señor, y usted bien lo sabe". A continuación explicó la esencia del complot: "Me trajo a Inglaterra en apariencia para procurarme un refugio pero en realidad para deshonrarme". Hume se sintió mortificado, furioso y atemorizado. Buscó apoyo en Davenport contra "la monstruosa ingratitud y locura del hombre".

Hume sabía que Rousseau estaba trabajando en sus Confesiones: quizá hasta había echado una mirada furtiva a las primeras páginas. Rousseau blandía la pluma más poderosa de Europa. Su novela Eloísa había sido un fenómeno editorial (los libreros parisienses la alquilaban por hora). Hume vio su propio recuerdo puesto en peligro para toda la eternidad. "Usted sabe —dijo a un viejo amigo— cuán peligrosa puede ser cualquier controversia sobre un punto discutible con un hombre de sus dotes". Hume pensaba en Francia y en la reputación del buen David.

Sus primeras acusaciones contra Rousseau las hizo ante sus amigos de París; su Relato conciso y auténtico de la disputa entre el señor Hume y el señor Rousseau lo publicarían en francés los enemigos de Rousseau. Allí Hume no se comunicó con Mme. de Boufflers, pues ésta recomendaría "generosa piedad". Los calificativos —feroz, malvado y traicionero— con que Hume se había referido a Rousseau aseguraron la cobertura en los diarios y en salones y cafés de moda. El actor David Garrick le escribió a un amigo: Rousseau llamó a Hume "noir y coquin" (negro y bribón).

En su respuesta a Rousseau, Hume exigió (imprudentemente) que éste identificara a su acusador y diera todos los detalles del complot. La contestación de Rousseau al primero de esos pedidos fue simple y potente: "Ese acusador, señor, es el único hombre en el mundo cuyo testimonio admitiría en su contra: usted mismo". Al segundo pedido respondió con una denuncia de 63 largos párrafos que contenían los incidentes que daba como prueba del complot y la tortuosa forma en que Hume había conseguido llevarlo a cabo. Rousseau le envió esto por correo a su enemigo el 10 de julio de 1766. El documento era bastante descabellado pero estaba lleno de inspiradas burlas y sentimiento trágico (tenía el instinto del novelista). Entre las acusaciones que a Hume más le costó responder estaba la afirmación de Rousseau de que, durante el viaje a Inglaterra, había oído a Hume murmurar entre sueños: "Je tiens J.J. Rousseau" (tengo a J.J. Rousseau), "cuatro aterradoras palabras".

Hume estaba estupefacto: no podía aspirar a igualar una prosa que, según dijo a un amigo francés, tenía "muchos toques de genialidad y elocuencia". Revisó minuciosamente la denuncia, incidente por incidente, garabateando desesperadamente mentira, mentira, mentira en el margen, mientras leía. Estas notas fueron la base del Relato conciso.

Entre los numerosos cargos de Rousseau, se encontraba la equivocada interpretación de Hume de una carta clave de Rousseau sobre una pensión real. Ese error involucró al rey Jorge III, sólo una de las muchas figuras destacadas que se vieron envueltas en la pelea; también Diderot, D'Holbach, Smith, James Boswell, D'Alembert, Grimm, Walpole. Voltaire tampoco resistió la tentación de atacar a Rousseau. Una declaración de guerra entre Francia y Gran Bretaña, dijo Grimm, no habría hecho más ruido.

En las crónicas sobre lo que el Monthly Review denominó la "pelea entre estos dos aclamados genios", el apoyo a Hume distaba de ser generalizado. Se acusaba a Rousseau de falta de gratitud, pero se aconsejaba "compasión hacia un hombre desgraciado, cuyo particular carácter y constitución mental —mucho nos tememos— lo hacen infeliz en toda situación". Las cartas de lectores también defendían a Rousseau: tema recurrente fue la falta de hospitalidad y respeto hacia el exiliado que avergonzaba a la nación británica. Este tratamiento equitativo no era lo que Hume esperaba, ni fue la versión que le dio a Mme. de Boufflers: "A mí, me representan como un granjero que lo acaricia y le ofrece avena, que él rechaza furioso; Voltaire y D'Alembert le pegan de atrás con un látigo; y Walpole le hace cuernos de papel maché. La idea no es del todo absurda".

En menos de un año, la relación entre Hume y Rousseau había pasado del amor a la burla, el temor y la aversión. Retrospectivamente, parece improbable que llegaran a entenderse, en lo personal o en lo intelectual. Hume era una mezcla de razón, duda y escepticismo. Rousseau era una criatura de sentimiento, soledad, imaginación y certeza. Mientras que la visión de Hume era poco arriesgada, moderada, Rousseau era por instinto rebelde; Hume era un optimista, Rousseau un pesimista. Hume era gregario, Rousseau, un solitario. Rousseau se deleitaba en la paradoja; Hume reverenciaba la claridad. El lenguaje de Rousseau era pirotécnico y emotivo; el de Hume, directo y desapasionado.

Para los biógrafos, la pelea con Rousseau es tema secundario entre las sorprendentes proezas de Hume. Pero su comportamiento es revelador. Su relación con Rousseau lo tuvo bajo presión y puso al descubierto al hombre. La lectura minuciosa de la correspondencia muestra que Hume nunca quiso acompañar a Rousseau a Inglaterra (esperaba delegar esa tarea) y mientras hablaba de su amor por Rousseau, su primo John Home, el "Shakespeare escocés", había notado, a diez días de su llegada a Londres, su frustración "ante el filósofo que se permite ser dominado por igual por su perro y su amante".

A espaldas de Rousseau, Hume llevó a cabo una obsesiva investigación de sus finanzas. Le pidió a varios contactos franceses que hicieran averiguaciones: es innegable que no quería la información para ayudar a Rousseau. El mismo deja en claro que estaba en juego la calidad moral de Rousseau: ¿era un impostor que simulaba ser pobre? Pero el complot de Hume era inexistente, aunque Rousseau no estaba del todo equivocado cuando lo acusaba de traidor. Después de que Rousseau regresó a Francia, bajo la protección de Mme. de Boufflers, Hume le sugirió a ésta y a otros que, por su propio bien, era mejor encerrar a Rousseau por loco.

En París, como tutor del Duque de Buccleuch, en 1766, Adam Smith aconsejó mesura. Cuando rindió su póstumo tributo al amigo, Smith vio cuán susceptible era Hume, después de todo, a la debilidad humana.

Fuente: The Guardian

lunes, 26 de noviembre de 2007

Obituarios del día

Kevin DuBrow (29 de octubre de 1955, 25 de noviembre de 2007) fue un vocalista americano de Rock y Heavy Metal, más conocido por haber formado parte de Quiet Riot.

Creció en Hollywood, California, antes de mudarse a Los Angeles, a la edad de trece. Comenzó a interesarse por el sonido de la época, escuchando bandas como Rod Stewart, Humble Pie y Small Faces, gustos que luego influirían significativamente en su carrera musical. La banda fue iniciada por Randy Rhoads en 1975, pero se desintegró en 1979 cuando Rhoads se unió a la banda de Ozzy Osbourne. Sin embargo, en 1982, luego de la muerte de Rhoads, DuBrow forma de nuevo Quiet Riot, con el guitarrista Carlos Cavazo, el bajista Rudy Sarzo y el percusionista Frankie Banali. Con esta formación graba uno de los discos más exitosos de la década de los ochenta: Metal Health. Canciones como Cum on Feel the Noize (cover de la banda Slade) y Bang Your Head les confirieron fama internacional. Sin embargo, la expectativa creada no fue del todo bien aprovechada, pues los discos que vendrían no serían muy bien aceptados por la crítica.
Hoy fue hallado muerto en su casa en Las Vegas.



Enzo Viena, aka Nino. Nacido en la ciudad de Rosario, Viena debutó muy joven en la compañía teatral de la desaparecida actriz Paulina Singerman, con la que realizó giras por el interior argentino y en países vecinos. Intervino en 40 películas argentinas, a partir de su actuación en 1958 en "Una cita con la vida". Entre las más recordadas figuran "He nacido en Buenos Aires", "Vacaciones en la Argentina", "Mi Buenos Aires querido", "Lo prohibido está de moda", "Del brazo y por la calle", "El diablo metió la pata" y "La familia Falcón". Adquirió su mayor popularidad como actor de comedia en telenovelas.
Uno de los más lejanos recuerdos de infancia es verlo en el televisor Antu de la casa, evidentemente en blanco y negro, los únicos colores posibles de toda teleserie.

A propósito del mejor recital del año







viernes, 23 de noviembre de 2007

lunes, 12 de noviembre de 2007

17 años cantándole a la hepatitis aguda vírica por transmisión sexual



... y no me daba cuenta.
Pero la buena chica de medtempus nos lo ha develado completamente
.

" primera vista la declaración puede resultar muy romántica. Pero, ¿y si dejásemos de un lado la metáfora y nos ciñéramos estrictamente a los datos que nos detallan? Médicamente hablando y tras descartar desde el principio en nuestro diagnóstico diferencial el mal de amores como causa de aumento de bilirrubina (somos así de pragmáticos), ¿qué es lo que verdaderamente lo ha podido causar?

Adéntrese conmigo en el frío e insensible mundo de la medicina y sus diagnósticos diferenciales y compruebe hasta qué punto la realidad se aparta de la ficción. Tanto, como para terminar destrozando el bonito y romántico mensaje de la melodía. Si es usted romántico, aún está a tiempo de no seguir leyendo y podrá seguir escuchando esta canción con los mismos inocentes ojos (o mejor dicho, oídos) que siempre. Si por el contrario quiere saber que hay de verdad tras la canción, les ofrezco la pastilla roja, y les enseñaré cómo de profunda es la madriguera del conejo.

Para empezar, el protagonista de nuestra canción, no tienen una “subida de la bilirrubina” sin más. Tiene lo que médicamente se llama una ictericia. La ictericia consiste en una elevación de los niveles de bilirrubina que, tras cierta cantidad, termina provocando una coloración amarillenta de la piel y mucosas. La tan mencionada bilirrubina es un compuesto procedente de la hemoglobina de los glóbulos rojos y un signo de enfermedad y que algo no marcha bien. Nuestro Romeo tendría un color de piel muy sexy, con unos ojos especialmente bonitos, brillantes y realzados:


Ahora ya pueden entender uno de los estribillos y por qué la muchacha no miraba a Romeo:

Me sube la bilirrubina
¡ay! me sube la bilirrubina
cuando te miro y no me miras
¡ay! cuando te miro y no me miras.

Las causas de una ictericia son muchas y muy variadas. Para organizarlas esquemáticamente se dividen en:

-Causas Prehepáticas. Significa que ha habido algo antes de llegar al hígado que ha hecho que la bilirrubina se eleve muchísimo desbordando la capacidad del hígado para eliminarla. Se debe a la destrucción masiva de glóbulos rojos, ya que tienen el precursor, la hemoglobina, que al degradarse se termina transformando en bilirrubina. Puede ser por hemorragias, transfusiones incompatibles, tóxicos, drogas, medicamentos…

-Causas Hepáticas. Como el hígado es el lugar en donde se metaboliza la bilirrubina para eliminarlo, si este órgano se trastoca, también lo hará la eliminación de la bilirrubina. Que normalmente pasaría a la bilis, desechándose junto con las heces y, en mucha menor proporción, también se eliminaría por la orina. Puede ser provocado por hepatitis agudas y crónicas de causas diversas, pero las más frecuentes son las infecciosas virales.

-Causas Post-Hepáticas. Hay algo después del hígado que provoca que la bilirrubina metabolizada que sale del hígado no pueda llegar a eliminarse. Por ejemplo, un cálculo o un tumor que bloqueen las vías biliares.

Los pocos datos que nos dan en la canción hacen difícil la elección de una causa concreta. Pero hay una serie de cosas que se deducen con la canción:

1-El protagonista es joven. Y no se menciona ningún accidente ni traumatismo. Ya podemos ir descartando casi seguro tumores, hepatitis alcohólica, hepatitis crónica, cálculos biliares, hemorragias y trastornos autoinmunes.

2-Tiene fiebre antes o durante la aparición de la bilirrubina y ésta se ha desarrollado muy rápidamente, en cuestión de días:

Oye, me dio una fiebre el otro día
por causa de tu amor, cristiana
que fui a parar a enfermería
sin yo tener seguro (d)e cama.

3-Tiene fiebre y lo achaca a “causa de tu amor”. Deducimos que ocurrió algo unas semanas antes que el protagonista conoce y no detalla, pero que lo relaciona con su estado.

4-No menciona la ingestión de tóxicos, medicamentos, drogas ni transfusiones. Podríamos intentar sacarle algo durante el interrogatorio e intentar aclarar si el “suero de colores” no se debe a un estado alucinatorio consecuencia de la ingesta de LSD.

Así pues, con todos los datos recogidos anteriormente, destacamos:

-La juventud del protagonista
-El curso agudo y rápido de la ictericia
-La fiebre
- La “causa de tu amor” de días o semanas antes de la fiebre.

Todo esto hace pensar, con mucho, que la causa más probable de la ictericia de nuestro Romeo es, ni más ni menos, que una Hepatitis Aguda Vírica tras un encuentro sexual con su amiga. Podría tratarse de una Hepatitis B o una Hepatitis C. La hepatitis B se transmite mucho más fácilmente por vía sexual que la hepatitis C, lo que lo haría más probable. Pero el periodo de incubación es entre 1 mes o medio año. Lo que hace más probable que se trate de una Hepatitis C que tarda unas semanas desde el contagio hasta que empiezan a desarrollarse los síntomas. Lo que va más en contexto con el esquema temporal de la canción. Sería recomendable, para confirmar y concretar el diagnóstico, un análisis de los marcadores víricos hepáticos.

No al viaje a Cuba de Bachelet.

A menos que sea para pedir la libertad de los presos políticos en Cuba, es un grave error el viaje a la isla del barbudo. Pirincho lo dice así, hoy en La Tercera:

"El reciente anuncio de la Cancillería chilena, en orden a confirmar una próxima visita de Estado que la Presidenta Michelle Bachelet realizará a Cuba, es tan absurda como inoportuna. Más todavía, cuando el motivo fundacional de la actual coalición de gobierno –aquello que vitalmente aglutinó las voluntades concertacionistas en torno a un sueño para Chile— fue justamente la lucha por la democracia, la libertad política y la defensa de los derechos humanos.

La Cuba de ayer y la de hoy —la de Fidel, su hermano o cualquiera de sus secuaces— representa todo aquello que los verdaderos demócratas deberían, sin vacilaciones y matices, despreciar y combatir. En este medio siglo de la vergüenza, el régimen cubano habrá fusilado a más de 15.000 personas, cuyo principal pecado fue revelarse frente a los delirios y caprichos de un dictador. Habrá también apresado y exiliado a cientos de miles de ciudadanos, perseguidos por sus creencias religiosas, preferencias sexuales o por simplemente haber ejercido su legítimo derecho a la libertad de expresión. Todo ello sin mencionar la desesperación y la angustia de tantos balseros –hombres, mujeres y niños— que murieron ahogados intentando huir y así despertar de lo que para ellos fue una larga y eterna pesadilla.

¿Hasta cuándo entonces? Hasta cuándo un sector de la izquierda –minoritaria en el mundo y desgraciadamente cada vez más popular en Latinoamérica— sigue justificando, por la vía explícita o a través del silencio cómplice, la barbarie y la sin razón de algunas dictaduras. Hasta cuando nos sumamos a la hipocresía del doble estándar o adherimos al sucio teorema –contra el que nos alertó Albert Camus— de que hay muertos buenos y malos, verdugos privilegiados y víctimas sospechosas.

Cuando en la opinión pública internacional se estrecha el círculo que denuncia el oprobio del régimen castrista, es absurdo que algunos sigan empeñados en revivir, una y otra vez, a esta reliquia del pasado; sumándose ya no sólo a una epidemia delirante, sino a la traición de todo lo que representa el progresismo de la libertad. Es obvio que una eventual visita de la Presidenta a Cuba no avala ni justifica todos estos horrores, pero –a falta de un categórico y explícito juicio de condena— se da también una señal confusa respecto del camino que debemos alentar y promover.

En efecto, decía que también se trata de un anuncio inoportuno. La recientemente concluida Cumbre Iberoamericana fue un interesante esfuerzo por mostrar la urgente necesidad de una mayor cohesión social de nuestros pueblos. Después de décadas de experimentos políticos y económicos en nuestra región, los que por cierto ayudan a comprender la retórica de ciertos discursos y la estética de quienes los impulsan, el desafío fundamental para América Latina es afirmar que la libertad política no es incompatible con la mayor prosperidad social.

Nuestros países no requieren de dictaduras o tiranos para alcanzar el mayor bienestar de sus ciudadanos. Tampoco ninguna política económica justifica la muerte, la tortura o cualquier otro tipo de violación a los Derechos Humanos (un claro mensaje también para tanto anticastrista y pinochetista de la plaza). El progreso sin libertad acarrea un precio muy alto en la dignidad de los pueblos, cuyas secuelas éticas y cívicas pueden perdurar por varias generaciones.

Nuestro empeño, entonces, es mostrar que la democracia también requiere de mayor justicia social. La pobreza y la miseria contribuyen a socavar la convicción que los ciudadanos tienen por el valor de su autonomía; pues siempre el rencor y la frustración han sido la antesala de quienes justifican, en nombre de la igualdad, restringir nuestros derechos. ¡Sí a la libertad, y sí también a la equidad! Dicho sea de paso, en la Cuba de Castro no existe ni lo uno ni lo otro."

Jorge Navarrete, en La Tercera

viernes, 9 de noviembre de 2007

lunes, 5 de noviembre de 2007


NOVIEMBRE 2007

PROGRAMACIÓN CINETECA NACIONAL - SÁBADOS AL MEDIODÍA

SÁBADO 3:
“Diálogo de exiliados” (1974, 115m).

SÁBADO 10:
“Raoul Ruiz du Chili à Klossowski” (D: Jérôme Prieur, 2006, 30m); “Coloquio de perros” (1977, 20m); “La vocación suspendida” (1978, 90m); “La hipótesis de un cuadro robado” (1979, 60m). “De grands evenements et de gens ordinaires” (1979, 60m)

SÁBADO 17:
“Las tres coronas del marinero” (1983, 117m).

SÁBADO 24:
“Le jue de l’oie” (1980, 31m); “La ciudad de los piratas” (1984, 111m); “La isla del tesoro” (1985, 115m).

Fresán escribe sobre Carson Mc Cullers

"Un año después de la escritura de La balada del café triste, en 1942, superando una agobiante crisis creativa que la tiene sin poder escribir palabra, McCullers deja su cama de enferma, se sienta frente a su máquina de escribir y alumbra el cuento “Un árbol. Una roca. Una nube”, donde –tal vez agradecida por el renovado fulgor de un don que casi daba por perdido– decide iluminar el costado epifánico del amor y postular su ciencia en boca de un forastero en un bar: un viejo que le comunica a un chico que ha alcanzado la sabiduría del enamorado perfecto por el sencillo método de amar a todas las cosas de este mundo en lugar de conformarse con desear apenas a una sola mujer que lo abandonó tanto tiempo atrás.
En este cuento, también, vuelve a insistirse –con la potencia de un satori– en el yin y el yang del perseguidor y del perseguido, del que desea y del que es deseado.
Pero, a diferencia de lo que ocurre en La balada del café triste, aquí se propone una suerte de final feliz con aroma de santidad. Sólo amándolo todo se puede sobrevivir a haber amado a alguien:

[...] Lo que pasó fue esto. Ahí estaban esos sentimientos hermosos y esos pequeños placeres sueltos, dentro de mí. Y esta mujer era para mi alma algo así como una cinta de montaje. Hacía pasar por ella esos poquitos de mí mismo y salía completo. ¿Me sigues ahora? [...] En esas circunstancias, ya te puedes imaginar cómo me quedé cuando me dejó. [...] Fui a todas las ciudades que había mencionado alguna vez, buscando a todos los hombres que habían tenido alguna relación con ella. Tulsa, Atlanta, Chicago, Cheehaw, Memphis... Durante casi dos años corrí por el país tratando de encontrarla. [...] La verdad es que el amor es una cosa extraña. Al principio no pensaba más que en que volviera. Era una especie de manía. Luego, según pasaba el tiempo, trataba de recordarla, pero ¿sabes qué ocurría? [...] Cuando me tumbaba en la cama y trataba de pensar en ella, mi cabeza se quedaba en blanco. No podía verla. Y entonces sacaba sus fotografías y las miraba. Nada, no había nada que hacer. Era como si no la viera. ¿Puedes imaginarlo? [...] Pero un pedazo de cristal inesperado en la acera o una canción de cinco centavos en un gramófono automático, una sombra en una pared por la noche, y recordaba. A veces eso me ocurría por la calle y yo me echaba a llorar y me golpeaba la cabeza contra un farol. ¿Me comprendes? Daba vueltas por ahí y no tenía poder sobre cómo y cuándo recordarla. Uno cree que se puede poner encima una especie de blindaje. Pero el recuerdo no viene al hombre así, de frente, viene por las esquinas, dando rodeos. Estaba a merced de todo lo que oía o veía. De repente, en vez de ser yo el que atravesara el país para encontrarla, empezó ella a perseguirme en mi propia alma. Ella persiguiéndome a mí, ¡fíjate! Y en mi alma. [...] Yo era un pobre mortal enfermo. Era como la viruela. Te confieso, hijo, que me emborraché, forniqué, cometí cualquier pecado que de pronto me apeteciera. Me avergüenza confesarlo, pero así es. Cuando recuerdo esa temporada, está todo confuso en mi mente; fue terrible.
El hombre entonces hace una pausa, inclina la cabeza hasta tocar la barra con su frente y de pronto se endereza y, sonriendo y radiante, explica:
–Pasó en el quinto año. Y con él empezó mi ciencia. [...] Es difícil explicarlo científicamente, hijo. Me figuro que la explicación lógica es que ella y yo nos habíamos perseguido tanto tiempo que al fin nos hicimos un lío, nos echamos atrás y lo dejamos. Paz. Un vacío extraño y hermoso. [...] Yo me quedaba allí, en mi cama, echado en la oscuridad. Y así me vino la sabiduría. [...] Es esto. Escucha atentamente. Medité sobre el amor y saqué la conclusión. Me di cuenta de qué es lo que nos pasa. Los hombres se enamoran por primera vez. Y ¿de qué se enamoran? [...] De una mujer. Sin sabiduría, sin nada para poder ir por ahí, emprenden la experiencia más sagrada y peligrosa de este mundo. Se enamoran de una mujer. [...] Empiezan por el revés del amor. Empiezan por el punto crítico. ¿Te das cuenta de por qué es algo tan desgraciado? ¿Sabes cómo deberían querer los hombres? [...] Hijo, ¿sabes cómo debería empezarse el amor? [...] Un árbol. Una roca. Una nube. [...] Medité y empecé con precaución. Cogía cualquier cosa de la calle y me la llevaba a casa. Compré un pececillo dorado y me concentré en él y lo amé. Pasaba gradualmente de una cosa a otra. Día a día iba adquiriendo esa técnica. [...] Ya hace seis años que voy por ahí solo haciéndome mi saber. Y ahora soy un maestro, hijo. Puedo amarlo todo. No tengo ya ni que pensar en ello. Veo una calle llena de gente y una luz hermosa entra dentro de mí. Miro a un pájaro en el cielo o me encuentro con un viajero en el camino. Cualquier cosa, hijo, o cualquier persona. ¡Todos desconocidos y todos amados! ¿Te das cuenta de lo que puede significar una ciencia como la mía?


Página12.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Desde Busco Algo Barato: Grandes Shilenos


"Yo soy un gran usuario de las analogías para ilustrar mis argumentos. Las uso en todas sus formas como un gesto, una mueca, un guiño o un aliño a mi conversación a veces tupida y otras veces vacilante. Me pasa que mis habilidades de orador son escasas, la lengua no acompaña la velocidad de mis escrutinios internos y me trabo, así que mejor que una larga explicación con introducción desarrollo conclusiones e incisos prefiero sacar el estilo y distraer con alguna ocurrencia. Bueno, todo esto es para sostener que en el mundo existen analogías imposibles y una de esas es que Gran Bretaña es a Chile lo que la BBC es a TVN y por lo tanto que Great Britons es lo suficientemente ajustable para transformarse en Grandes Chilenos. El país no da, no calza, el cúmulo de dos siglos pichiruches de historia republicana tembeleque, con un primer siglo viviendo de empréstitos miserables y el segundo de escarbar la tierra.
Chile es apenas un esbozo y los chilenos una agrupación de tribus diversas que conviven destinadas al resquemor y el conflicto. Una versión suavizada de Ruanda, o la softporn del apartheid sudafricano. Habrá tres o cuatro personajes con cierta convocatoria general pero el resto es un goteo de nombres relevantes en el gremio, el partido o el período. Casi siempre políticos de repercusión local en las cuatro manzanas alrededor de la Moneda enfrentándose entre parentela y desprecieando a todo lo que creciera más allá del Mapocho. A alguno le simpatizarían los pobres sobre todo en la medida que los pobres se ponían de moda, pero la gran mayoría no da para biopic decente, con planos generales dignos y muchedumbres que sucumbieran a algún carisma (Miguel Angel, el de Villa Alemana no vale como contrargumento porque nadie pudo comprobar que efectivamente conversaba con la virgen). Según me he enterado recientemente hay unanimidad en que O´Higgins era malo como milico (mi pregunta es ¿entonces en qué era bueno?) y que Carrera tenía el síndrome Che Guevara: el del pije buenmozo que descubre que hay un mundo de injusticias y considera que dadas las condiciones es evidente que ÉL debe hacer algo para solucionarlo porque si no todos estos indios van a seguir igual de embrutecidos porque entre todos no hacen uno.
La grandeza patria se da un grados mínimos en nichos ecológicos escasos, dejando inmensas áreas desoladas. Fuera del inventor del pilucho o el del mote con huesillos no se me ocurre otro aporte a la innovación al diseño que tenga repercusiones cotidianas. El máximo hallazgo High Tech fue ese robot mula que descubrió el megatesoro fraudulento de la Isla Juan Fernández. Bueno también están los autos solares que cada verano inventa algún estudiante de Beaucheff y que por lo general sirve para llenar las páginas vacías de los diarios de febrero y las notas anecdóticas de los noticieros.
Los chilenos que lograron algún nombre fuera escaparon en cuanto pudieron hacerlo. Arrau no habría podido maquillarse con tranquilidad en el Municipal sin que la comunidad melómana chilena (Un tercio rubia, un tercio cola, un tercio facha y dos tercios tarada) no lo acusara de travestismo y se encargara de mandarlo a itinerar por las escuelas rurales del norte chico. Si Matta se hubiera quedado figuraría en el informe Rettig. Por algo la Mistral se fue a chusquear fuera, porque todo lo fea que se quiera pero para terminar como camionera tapada escuchándole las cursilerías teosiúticas a algún profesor de literatura closeteado de la UC mejor se hubiera quedado arriando cabras en Montegrande. Bolaño estaría peleándose con el consejo del libro y pasando tardes en la Sech porque como era hijo de camionero no habría pasado el estricto examen de admisión al ámbito de la Nueva Narrativa, muy dada al tweed, al CEP, a la conversación grata y al libro fome.
Yo más que grandes chilenos haría la elección de la Gran Escapada o el Gran Escape. La mejor huida del bicentenario, la salvada más digna, la gesta más heroica para ponerse a resguardo de la guillotina súbita que asegura la permanencia en la dulce patria que insufrible te mata."