sábado, 25 de octubre de 2008

Puedes ser un webon.com


Este host, webon, debería ser furor en nuestro país.

jueves, 23 de octubre de 2008

Kareem Rashad Sultan Khan

Cuando hagan la película, recuerda que acá supiste de Kareem Rashad Sultan Khan antes que en lun, emol y la 3ª.

La cosa es así. Colin Powell en una entrevista en Time cuenta el impacto que le causó una foto. Y luego, varias revistas hablando del tema.
Esto es lo que dijo Powell:
Se trataba de un libro de fotografía sobre las tropas que están sirviendo en Irak y Afganistán. Y una imagen al final del libro era de una madre en el cementerio de Arlington, en la que estaba su cabeza sobre la lápida de la tumba de su hijo. Producto del foco, del centro de la foto, se podía leer lo escrito en la lápida. Hablaba de sus condecoraciones - Corazón Púrpura, Estrella de Bronce -, decía que murió en Irak, daba su fecha de nacimiento, fecha de la muerte. Era un joven de 20 años de edad. Y luego, en la parte superior de la lápida, no había una cruz cristiana, ni tenía la estrella de David, había una media luna y una estrella de la fe islámica. Y su nombre era Kareem Rashad Sultan Khan, y era un americano. Había nacido en Nueva Jersey. Tenía 14 años de edad para el 9 / 11, y esperó hasta que pude ir a servir a su país, y él dio su vida. Ahora, nosotros tenemos que dejar de polarización de la manera que lo estamos haciendo.


Por acá , y aquí, se puede saber algo más de Kareem.
La nota de Time entrevista a sus padres, orgullosos de su hijo, como sólo un padre puede saber eso. Cuenta que post 9/11 él decidió entrar al ejército para "mostrar que no todos los musulmanes eran fanáticos y que muchos como él estaban decididos a dar su vida por su país."
El recuerdo favorito de su padre es cuando se despertaba las 5 de la mañana para acompañarlo a trabajar en un local del puerto.


miércoles, 8 de octubre de 2008

miércoles, 1 de octubre de 2008

Michael Moore: Nos quieren meter miedo

A Fuguet y tantos otros puede disgustarle el docuestilo de Moore, pero su mirada política es más aguda que la naif de Héctor Soto.

"Todos decían que la ley sería aprobada. Los expertos del universo ya estaban haciendo reservas para celebrar en los mejores restaurantes de Manhattan. Los compradores personales en Dallas y Atlanta fueron despachados para hacer los primeros regalos de Navidad. Los Hombres Locos de Chicago y Miami estaban descorchando botellas y brindando entre ellos mucho antes del desayuno.

Pero lo que no sabían era que cientos de miles de estadounidenses se despertaron ayer a la mañana y decidieron que era tiempo de rebelarse. Los políticos no la vieron venir. Millones de llamadas telefónicas y correos electrónicos golpearon al Congreso tan fuerte como si Marshall Dillon (Comisario Dillon, personaje de una serie) y Elliot Ness hubieran descendido en Washington D.C. para detener los saqueos y arrestar a los ladrones.

La Corporación del Crimen del Siglo fue detenida por 228 votos contra 205. Fue raro e histórico; nadie podía recordar un momento cuando una ley apoyada por el presidente y el liderazgo de ambos partidos fuera derrotada. Eso nunca sucede. Mucha gente se está preguntando por qué el ala derecha del Partido Republicano se unió al ala izquierda del Partido Demócrata para votar en contra del robo. Cuarenta por ciento de los demócratas y dos tercios de los republicanos votaron en contra de la ley.

Esto es lo que sucedió:

La carrera presidencial puede estar todavía muy pareja en las encuestas, pero las carreras en el Congreso están señalando una victoria aplastante para los demócratas. Pocos discuten la predicción de que los republicanos van a recibir una paliza el 4 de noviembre. Hasta 30 bancas republicanas en la Cámara de Representantes se perderían en lo que sería un increíble repudio a su agenda. Los representantes del oficialismo tienen tanto miedo de perder sus bancas, que cuando apareció esta “crisis financiera” hace dos semanas, se dieron cuenta que habían entregado su única oportunidad de separarse de Bush antes de la elección, mientras hacían algo que los hiciera parecer como que estaban del lado de “la gente”.

Estaba mirando ayer C-Span, una de las mejores comedias que he visto en años. Ahí estaban, un republicano después de otro que habían apoyado la guerra y hundido al país en una deuda record, que habían votado para matar cualquier regulación que hubiera mantenido a Wall Street en control —¡ahí estaban, lamentándose y defendiendo al hombrecito común!—. Uno tras otro se pararon en el micrófono de la Cámara baja y tiraron a Bush bajo el ómnibus, bajo el tren (aunque habían votado por quitarles los subsidios a los trenes también), diablos, lo hubieran tirado bajo la aguas crecientes de Lower Ninth Ward (barrio de Nueva Orleans) si hubieran podido conjurar otro huracán.

Los 95 valientes demócratas que rompieron con Barney Frank y Chris Dodd era los héroes reales, igual a aquellos pocos que se pararon y votaron en contra de la guerra en octubre de 2002. Miren los comentarios de ayer de los republicanos Marcy Kaptur, Sheila Jackson Lee, y Dennis Kucinich. Dijeron la verdad. Los demócratas que votaron por el paquete lo hicieron en gran parte porque estaban temerosos de las amenazas de Wall Street, que si los ricos no recibían su dádiva, los mercados enloquecerían y entonces adiós a las pensiones que dependen de las acciones y adiós a los fondos de retiro. ¿Y adivinen qué? ¡Eso es exactamente lo que hizo Wall Street! La caída más grande de un solo día en el Dow en la historia de la Bolsa de Valores de Nueva York. Anoche los nuevos presentadores de televisión lo gritaban: ¡los estadounidenses acaban de perder 1,2 billón de dólares en la Bolsa! ¡Es el Pearl Harbour financiero! ¡Se cae el cielo! ¡Gripe aviar! Por supuesto, la gente cuerda sabe que nadie “perdió” nada ayer, que los valores suben y bajan y que esto también pasará porque lo ricos comprarán ahora que están bajos, los sostendrán, luego los venderán, y luego comprarán nuevamente cuando estén bajos. Pero por ahora, Wall Street y su brazo de propaganda (las redes y los medios que poseen) continuarán tratando de meternos miedo. Será más difícil conseguir un préstamo. Algunas personas perderán sus empleos. Una débil nación de peleles no durará mucho bajo esta tortura. ¿O sí podremos?

Esto es lo que creo: el liderazgo democrático en la Cámara baja esperaba secretamente todo el tiempo que esta pésima ley fracasara. Con las propuestas de Bush hechas añicos, los demócratas sabían que entonces podían escribir su propia ley que favorece al promedio de los estadounidenses y no al 10 por ciento más rico que está esperando otro lingote de oro. De manera que la pelota está en la manos de la oposición. El revólver de Wall Street todavía le apunta a la cabeza. Antes que den el próximo paso, déjenme decirle lo que los medios silenciaron mientras se debatía esta ley:

1. La ley de salvataje NO tiene provisiones para el llamado grupo de supervisión que iba a monitorear los gastos de Wall Street de los 700.000 millones;

2. NO consideraba multas, sanciones o prisión para ningún ejecutivo que pudiera robar algo del dinero del pueblo;

3. NO hizo nada para obligar a los bancos y a los prestamistas a reescribir las hipotecas del pueblo para evitar ejecuciones ¡Esta ley no hubiera detenido ni UNA ejecución!

4. En toda la legislación NO había nada ejecutable, usando palabras como “sugerido” cuando se referían a que se le devolviera el dinero del rescate al gobierno;

5. Más de 200 economistas escribieron al Congreso y dijeron que esta ley podría empeorar la “crisis financiera y causar aún MAS de una caída.

Es hora que nuestro lado establezca claramente las leyes que nosotros queremos pasar."

Traducción: Celita Doyhambéhére.

Fresán, Woody y la nada (a.k.a. Miravete de la Sierra)

UNO En Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen –película de nombre un tanto absurdo que el año pasado se filmó en esta ciudad y que acaba de estrenarse en toda España– pasa de todo. Pasan muchas cosas. Un constante y vertiginoso acontecer para un leve, ligero, leve, vaudeville con macho ibérico, fogosa hembra española y turistas norteamericanas con ganas de emociones fuertes pero tampoco fortísimas. El macho es Javier Bardem, la hembra es Penélope Cruz y la turista es Scarlett Johansson (la segunda turista importa tan poco que no recuerdo ni su nombre).

Lo que sí importa es que el film es un éxito por aquí (y en los Estados Unidos), hay colas afuera de los cines, carcajadas del público un tanto exageradas adentro y sonrisas en el Ayuntamiento que puso dinero en la producción (la cifra exacta ha adquirido ya la textura de leyenda urbana) para promocionar –como si hiciera falta, como si los turistas no hubieran tomado todo lo tomable y bebido todo lo bebible– a la Perla del Mediterráneo. Así, después de un rodaje que revolucionó a Barcelona y atormentó a Barcelona, Vicky Cristina Barcelona –que paradójicamente llega a las pantallas en el momento exacto en que termina un verano negro para hoteles y restaurantes para dar paso a un otoño todavía más oscuro cortesía de la crisis– no es otra cosa que una tontería simpática y una postal en movimiento. Una especie de parque temático y prolijo destilado urbano de la Ciudad Condal que vuelve a demostrar la imposibilidad de los nativos de EE.UU. de escapar del lugar común cada vez que viajan. Un producto pintoresco al que los locales acusan de falso y parcial olvidando que la paradigmática Manhattan que muestra Allen en su obra tampoco es una instantánea fidedigna de la Gran Manzana sino una versión sublimada de una especie de Xanadú y Shangri-La donde todos van del museo a la cinemateca y, después, a dormir a un penthouse de la Quinta Avenida. De este modo, no hay en Vicky Cristina Barcelona estudiantes extranjeros vomitando en las veredas del barrio de Gracia ni carteristas en las Ramblas ni autobuses de doble planta estacionados en triple fila ni alquileres de vértigo.

Todos estos horrores sí aparecen comentados y retratados en el flamante libro/manifiesto/diatriba Odio Barcelona (Editorial Melusina, www.myspace.com/odiobarcelona) donde se han reunido varios escritores de la nueva camada para explicar la versión local de aquel “No nos une el amor sino el espanto”. En la portada del libro –mientras en Hollywood alguien planea superproducción sobre aquel raro y nunca del todo esclarecido “Incidente de Palomares” en el que cuatro bombas atómicas, que afortunadamente no estallaron, se dejaron caer sobre territorio español en 1966, y ojalá que la filmen los Coen– varios bombarderos vuelan sobre monumentos locales. Ya saben: la Sagrada Familia, la fachada modernista, y todas esas cosas que aparecen en una película de Woody Allen.

DOS Y si bien en Vicky Cristina Barcelona hay una un tanto absurda escapada a Oviedo (tal vez porque en esa ciudad hay una estatua de Woody Allen y a su director le entregaron hace unos años el Premio Príncipe de Asturias) a ninguno de sus hiperkinéticos y vociferantes personajes se les ocurre hacer un alto en Miravete de la Sierra.

Porque en este pueblo de Teruel –situado, para más datos y mejor ubicación, en el corazón de la Sierra del Maestrazgo, a unos seis kilómetros de la penosa carretera de Villarroya de los Pinares– no pasa nada. Absolutamente nada. Y, mucho menos, una película de Woody Allen.

En Miravete de la Sierra poco importó la caída del Muro hace unos años y poco importa el derrumbe de la Calle de la Pared por estos días.

Y me enteré de la existencia inexistente de Miravete de la Sierra –también conocido como “el pueblo en el que nunca pasa nada”– por un anuncio de televisión. Tomé nota y entré a la fértil tierra baldía de Internet y di vueltas hasta llegar a www.elpuebloenelquenuncapasanada.com y –desde el pasado 8 de septiembre– ahí estaba y ahí está.

Miravete de la Sierra. Apenas doce habitantes fijos, un total de 46 censados y hasta 100 personas para las fiestas de San Miguel en mayo. Una iglesia y un puente del siglo XVI y poco más. Uno de los muchos pueblos en proceso de extinción a lo largo y ancho de España. La diferencia de Miravete de la Sierra es que fue descubierto por la agencia de comunicación madrileña con nombre de explorador de espacios abiertos y desolados –Shackleton– y ahora es promocionado como patria y fábrica del más raro y exquisito y valioso producto que puede ofrecerse en estos tiempos demasiado ocurrentes: la nada, el que nada suceda, el vacío absoluto, el paisaje zen “donde encontrarte a ti mismo”. Leo en El País, en un reportaje de Cristóbal Ramírez, que Pablo Alzugaray –director de Shackleton– justifica el asunto: “Estábamos buscando un pueblo minúsculo que no tuviera nada para hacerlo famoso. El que más nos gustó fue éste, sobre todo, por la acogida de sus habitantes cuando les explicamos la idea. Es un experimento de comunicación”. Y, entonces, Alzugaray (un rápido tecleado confirma mis automáticas sospechas de que Alzugaray es argentino; porque ciertas ideas no pueden sino ser argentinas) anticipa que “en unas semanas se podrá desvelar todo. No hay ningún objetivo malsano. No puedo decir nada. No puedo decir más”. Como ya han pasado más de quince días desde la salida de esta nota, me apresuro a entrar al site, pero no puedo llegar allí. Demasiado tráfico para alcanzar la nada y un panorama virtual en el que se ofrecen muñequitos coleccionables de cada uno de los doce habitantes de Miravete de la Sierra a 180 euros la pieza, o la posibilidad de donar una teja para la restauración de la iglesia a 10 euros, y hasta se puede jugar a ordeñar una cabra. También, por supuesto, el inevitable paseo turístico –con voz en off del octogenario muñequito Cristóbal Sangüesa– donde se nos advierte que aquí “el tiempo no pasa ni adelantando la hora”.

Pero ahora no hay caso. No puedo entrar.

Así que doblo en la primera salida hacia Google, busco las últimas noticias, y ahí está Miravete de la Sierra. Por el momento, parece, no se ha develado nada y hasta el momento no se confirman las sospechas de muchos de que todo esto no es más que el tinglado para vender otra cosa. Pero los contados pobladores de Miravete de la Sierra –la mayoría de ellos de maduros para arriba– se quejan hoy de un stress digno de barcelonés. La repercusión mediática y viral de la página en cuestión (146.000 visitas en apenas una semana) los tiene a todos al borde de un más almodovariano que woodyallenesco ataque de nervios. Han sido demasiados los curiosos y demasiados los noticieros que llegan a ver cómo es eso de la nada que, paradójicamente, ha dejado de serlo. Y ya hay problemas internos: celos de los que no llegaron a ser muñequito y comentarios viperinos en cuanto a que los que sí son muñequito aparecen muy mejorados en su aspecto, terror ante la posible invasión de hordas japonesas. Mientras tanto, después de mucho tiempo, ha vuelto a abrir el hotel municipal. Y crece el desconcierto de todos, de los muy pocos todos, por tener que responder todo el tiempo a las mismas preguntas de cámaras y micrófonos y –gente sencilla– sufriendo al pensar que la insistencia se debe a que no dan la respuesta correcta. Y de este modo sus comentarios son cada vez más delirantes. Así, la ironía de que el “no pasa nada” se haya transformado en un “pasa todo el tiempo lo mismo”. Aunque están los optimistas que piensan que esta fatiga de los abuelos se traducirá en la curiosidad de los nietos que retornarán, cualquier día de éstos, como oscuras golondrinas, para repoblar a Miravete de la Sierra. Y, quién sabe, si hay suerte, buena o mala, de aquí a unos años sus hijos publicarán, con amor, un libro titulado Odio a Miravete de la Sierra."

Fuente: el aún inefable Página12.