por Raúl Rivero* Opinión/El Mundo/ 13.03.07 La carga cerrada que ordenó el régimen cubano en marzo de 2003, la llamada Primavera Negra, no cambia de color ni deja que entren las otras estaciones. A cuatro años de su llegada (los pícaros trataron de esconderla bajo el estruendo de los cañonazos en Irak) sigue instalada en la República y cada día renace, se intensifica y genera una variada categoría de tormentos para los presos políticos y la disidencia. Eso es. Ahora mismo, después de ocho meses de poder provisional de Raúl Castro, conocido como el compañero ministro por la servidumbre criolla, el panorama para la oposición pacífica es de extrema crispación: lluvias de palizas en las cárceles, restricciones de visitas, prohibiciones de ingreso de medicinas, falta de agua potable y un hambre que es tan general como el nuevo jefe del Gobierno. Los maltratos físicos se producen de manera intermitente en cualquiera de los 200 centros penitenciarios de la Isla. Y la familia hace llamados urg...