lunes, 31 de julio de 2006

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domingo, 2 de julio de 2006

peña sobre delincuencia

Peña hace un sumario esfuerzo en la edición de hoy de El Mercurio por enseñarle a nuestro ministro del interior, de qué hablamos cuando hablamos de causas de la delincuencia y de intervención estatal. huelga decir que la derecha no entiende nada de nada de nada (como decía uno de sus líderes) y no quiere entender y solo grita más fuerte canciones de odio y espanto buscando que la próxima encuesta cep les diga que sí, que han logrado asustar al auditorium

"Una de las respuestas más populares es la de Gary Becker. La gente delinque porque es rentable hacerlo. Si el costo de delinquir va al alza (porque suben las penas, aumenta la probabilidad de aplicarlas o mejoran los bienes alternativos) entonces la tasa de delitos bajará.

El delito sería cosa de precios.

El juez Richard Posner sugirió, por su parte, que el nivel de crímenes es función de los niveles de protección privada y pública. Si baja la protección pública, subirá el delito. Entonces se incrementará la protección privada. Pero al mejorar la protección privada tenderá a bajar la pública y el delito subirá de nuevo. Y así. Hasta alcanzar el equilibrio.

Como en las epidemias. Si hay vacuna, la gente se cuida menos y la enfermedad renace.

Otras teorías examinan la influencia de los estilos de vida. Un estudio muestra que la vida lejos de la familia (asociada a la expansión del consumo, al matrimonio tardío, a la industria de la diversión) está relacionada con el aumento del delito en el último siglo. Sugiere entonces que hay que estimular la vuelta al hogar.

El miedo al delito, enseña esa hipótesis, nos cura del horror al domicilio.

Una explicación distinta es la teoría de la anomia. Cuando las sociedades enfatizan en demasía los fines y, en cambio, descuidan socializar a sus miembros en el uso de medios legítimos, surge lo que Merton denominó conducta innovadora: el sujeto persigue los mismos fines que el resto; pero por cualquier medio. La democratización de los mensajes de consumo y de éxito, sumados a una sociedad desigual en los recursos, producirían conducta desviada.

El delito sería una conducta de adaptación a una sociedad que expande los mismos deseos, pero no las oportunidades.

Algún autor sugiere que el temor al delito no siempre está asociado a un aumento del mismo. A veces, sugiere Zigmund Baumann, las sociedades instituyen el miedo como cemento para la cohesión social. Así los malestares de la modernidad (causados por el individualismo, el enfriamiento de la relaciones sociales y el hastío del consumo) se conjuran mediante una transferencia simbólica. El delincuente es así erigido en el "otro", el "extranjero" de nuestras sociedades.

Tenemos miedo al crimen porque estamos desolados y ateridos, dice Baumann. No porque haya más delincuentes.

En fin, hay un tipo de delito que requiere todavía otra explicación. Se trata del delito cometido por esas "pequeñas masas" que son las pandillas y las tribus. En este caso, el delito está asociado al prejuicio y a la diferencia.

Y es que también delinquimos por odio.

¿Ayudan esas teorías a explicar el fenómeno de la criminalidad en Chile?

Es probable que todas tengan algo de razón; aunque ninguna parece ser tomada en cuenta en el debate de estos días.

Como sugeriría Becker, delinquir pudo haberse abaratado; pero la causa no es la que, a menudo, se cree. Las garantías introducidas por la reforma en vez de debilitar la coacción, la legitiman; las penas no son bajas; y la conducta de los jueces no es débil (los jueces son árbitros imparciales y no órganos represivos del Estado).

Si entre nosotros el crimen es rentable, ello se debe principalmente a que en muchos sectores el delito casi no tiene costo de oportunidad. Para algunos jóvenes no hay alternativa de mejor valor.

Se debe también a la insuficiencia en el número, o la conducta, de los fiscales y la policía. Y no digan que están sujetos a demasiadas reglas. Todos quienes administran la coacción en una sociedad democrática deben estarlo. Si no ¿cómo los distinguiríamos de las pandillas?

Las oportunidades de delinquir también han aumentado. Las interacciones y la diversión son hoy día más frecuentes y la gente se aleja más del hogar. Al revés de lo que enseñan los ideales de la autenticidad personal, la vuelta al hogar (que es la reacción natural al temor) podría reestablecer el equilibrio. A veces el conservantismo tiene algo de razón.

También es cierto que en Chile todos apetecemos lo mismo; pero los recursos no están igualmente distribuidos. No es raro entonces que exista anomia. Pero ahí estamos. Conviviendo lo más bien con la desigualdad. Y a nadie se le ocurre que la escuela -además de mejorar el Simce y ejercitar la libertad de enseñanza- sirve para enseñar virtudes.

En fin, en Chile también padecemos esa delicuescencia de la política que diagnosticó Baumann y hacemos del miedo (es cosa de recordar las últimas campañas) el único motivo de la acción colectiva. Pero entonces ¿por qué nos extraña que esas "pequeñas masas" que son las pandillas, hagan, a otra escala, lo mismo, y conviertan el miedo en ocasión de encuentro y de sentido para la vida en común?

Sí, es cierto. Los delitos son un problema. Pero para resolverlo urge recordar lo obvio: todos podemos delinquir; el crimen está asociado a muchas causas; el estado de derecho consiste en reconocer derechos al asesino; un mundo sin crimen es un sueño febril; y el deber de un político es aportar racionalidad a la vida cívica, en vez de sumarse, sin más, al coro del temor."

Divinísimo Regresísimo

truffa venta y web


dos buenísimas noticias en la prensa dominguera.

expo de bruna truffa (tobalaba 1479, provi, 11 a 19 sours), la más top de la pictorería chilensis, la más fresca y cocacolera, puro beat carretera, y pollo con papas fritas,
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