lunes, 25 de octubre de 2004

almorzando por patronato, versión reservoir dogs





... entonces, veníamos de salvar niños [1] el miércoles con el Sr. Azul y el Sr. Blanco y nos sentamos a almorzar en un sitio que parecía grato. El sr. Azul nos había ponderado elocuentemente [2] la excelencia gastronómica de algunos sandwichs árabes del local y la belleza del paisaje que semejaba una calle de ciudad de provincia. Comimos, bebimos (una lata de cerveza apenas, con lo que la influencia del bello brebaje [3] en lo acontecimientos siguientes queda descartada) y mientras comentábamos el devenir filosófico contemporáneo, pasábamos revista al estado físico y mental de nuestros íntimos y escuchábamos por enésima vez los alegatos del Sr. Azul en pro del comunismo erótico, compartíamos los sabios consejo amatorios del Sr. Blanco y oíamos las declaraciones de amor del Sr. Rojo, el Sr. Blanco creyó ver pasar al Pinochito.

Embargados en tan altas ideas ni el Sr. Azul ni el Sr. Rojo (que con suerte puede verse la punta de sus zapatos y confunde ambulancias con taxis) pudieron confirmar la veracidad del aserto del Sr. Blanco (A mí me consta que, en general, es veraz).

Al rato se sentó Agustito a un par de mesas de nosotros. Las meseras lo saludaban. Los comensales lo ignoraban. El dueño lo complacía. Como dijo Carlitos Pezoa V., Nadie dijo nada, ni el vecino pérez ni el vecino Pinto.

Aturdidos ante semejante muestra de amnesia histórica decidimos hacer algo. El Sr. Rojo propuso evitar la vulgaridad de escupitajos o golpes. Sugirió, en cambio, dejarle monedas para que las depositase en el Banco Riggs. El Sr. Blanco asintió, lo mismo que el Sr. Azul quien comenzó a hurgar en sus bolsillos buscando monedas. Luego de una breve discusión en torno al monto del dinero a arrojar (¿monedas de a peso?, ¿monedas de a cien?) decidimos con una risa propia de bart simpson que si no hacíamos nada nos íbamos a sentir muuy mal.

En un momento, al desocuparse la mesa contigua a la del causante del boinazo y los ejercicio de enlace, el Sr. Azul se paró, sin avisarnos previamente, y junto con arrojar las monedas a la mesa del sinvergüenza le dijo en voz muy alta,
-Hey, Pinocheque, deposítate esto en el banco Riggs!

Pinochito y su autoproclamado guardaespaldas, se pararon y acercaron rápidamente a nosotros (que también nos pusimos de pie junto al Sr. Azul). Agustito y el tipo gordo, chico, que lo acompañaba nos comenzaron a insultar y el tipejo al hacer ademán de golpear al Sr. Azul se encontró con el gesto de éste de alzar los brazos y decir
- Yo no te he agredido!,Yo tengo las manos limpias, no como tú!
El viejo chico gritaba: " ¡te voy a mandar a matar!", "¡Cállate conchetumadre!" y otras linduras. El agustito, un par de pasos más atrás se acercó también diciendo "¡conchetumadre, te voy a sacar la cresta!".

En ese momento el Sr. Rojo lo apuntó con el dedo y le dijo
“acuérdate que estai en garantía!” [4]
En ese momento, pinochito sólo atino a repetir como colegial de 2° básico pillado en falta "Yo no lo he tocado!, Yo no lo he tocado!" El Sr. Rojo replicó "Él no te ha hecho nada", a lo que agustito replicó: "Él me agredió con las monedas!,¿O eso no es agresión?" El Sr. Azul le dijo "Mi violencia es simbólica, no como la de Uds., asesinos!"
El pinochito decía : "eres un hijo de puta", a lo que el buen Sr. Blanco le respondía : "y vós, hueón, hijo de ladrón".

El viejo chico de bigotes tomó una silla y haciendo además de tirarla encima del Sr. Azul lo seguía insultado. Él le respondía, "Yo no he robado como Uds.!"
Le volvimos a advertir al par de enajenados: "Tócalo y están cagados"
Luego de más amenazas de mandar a matar al Sr. Azul nos fuimos. El Sr. Blanco lanzó el resto de monedas que quedaban. El almuerzo de Agustito quedó lleno de monedas de a peso.

Nos dimos vuelta y caminamos tranquilos por Patronato ante la mirada de un par de escolares del liceo de enfrente que se rieron y aplaudieron. Fueron los únicos. El dueño del local que salió rápidamente a ver qué pasaba no defendió a pinochito ni a nosotros. No se quemó con nadie. Alguien más nos dijo algo como en buena. No recuerdo si había música de fondo. Pero se sentía.

notas:
[1] Alusión al llamado que efectuara un funcionario público del sistema de infancia que al retirarse de un seminario en la V Región acerca de niños, y siendo parte del público, levantó la mano, pidió la palabra, alzó la voz y lamentó tener que retirarse por tener que ir a salvar niños. Acto seguido invitó a quienes entre los presentes quisieran ir a salvar niños a acompañarlo. En esa oportunidad el llamado fue desoído por la ilustrada (y algo sorprendida) concurrencia.
[2] Con brevísimas referencias bibliográficas para su acostumbrada erudición
[3] Expresión tomada de la célebre obra Estatutos de La Corporación (1988), autores varios, entre ellos, A. Gómez R., R. Retamal, Ciro Colombara, C. Pérez, etc.
[4] En evidente alusión al tribunal de garantía de la VII región en cuya sede se encuentra siendo investigado el pinochito.

lunes, 4 de octubre de 2004

Déle Roa Déle


roa


Las escarpadas costas del corazón
(Poética)
Ignoramos el por qué las cosas nos buscan ávidas por convertirse en símbolos.
Hay quienes han vislumbrado en la historia universal el desarrollo de diversas
metáforas. Otros, tal vez con mayor justicia, han conjeturado que el ser humano
no soporta demasiada realidad, postulando la poesía, con su vertiginosa
capacidad lingüística, como una suerte de gozoso exilio. Es problable que las
palabras, como arbitrario repertorio de signos que son, sólo sirvan para la
estética y no para la búsqueda de la verdad. Aun así el poeta, como bien
afirmaba Paul Celan, es quien arroja al mar un mensaje en una botella, con la
secreta esperanza de que algún día las olas lo empujen a tierra, "a las
escarpadas costas del corazón".

... Los lenguajes de la naturaleza son
múltiples; la poesía, como lenguaje esencialmente humano, como puesta en juego
de la imaginación, impulsada por un fervor misterioso y desconcertante que nos
impulsa a escribir como si se tratara de una necesidad fatal, busca aspirar a
esos otros lenguajes, apropiárselos y descifrarlos con una mirada auroral y
perpleja, buscando el desencadenamiento simultáneo de todas sus fuerzas
simbólicas.


Armando Roa, nació en Valparaíso en 1966. Es ensayista, traductor, antologador, narrador. Estudió Leyes en la Universidad Diego Portales de Santiago recibiéndose de abogado en 1991.Estudió chelo, armonía, contrapunto. Admirador de la literatura inglesa y norteamericana, su obra ha sido recopilada en antologías y revistas nacionales y extranjeras. Ganador del Premio Pablo Neruda y el Premio Nacional de la Critica en Poesía. Actualmente desempeña la docencia en la Universidad Finis Terrae