lunes, 3 de abril de 2006

Humala según Bayly

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En La Tercera de hoy Jaime Bayly ofrece su perfil del candidato presidencial peruano

"El matón enmascarado"

Ollanta Humala, favorito para ganar las elecciones presidenciales en Perú el próximo domingo, sirvió lealmente a la dictadura de Fujimori y Montesinos desde el golpe de abril de 1992 hasta mediados del 2000.

Humala, entonces militar en actividad, no protestó una sola vez por los crímenes de esa dictadura en aquellos largos años y fue ascendido varias veces por servirla callada y atentamente.

No todos sus compañeros de armas callaron como él. El 13 de noviembre de 1992, el general Jaime Salinas y otros veinte militares peruanos, entre ellos un capitán, se levantaron en defensa de la democracia. Humala, que también era capitán, se abstuvo de acompañarlos.

Meses después, el 5 de mayo de 1993, el general Rodolfo Robles denunció la existencia de un escuadrón de la muerte al servicio de la dictadura, el grupo Colina, y, perseguido por los matones de Montesinos, tuvo que pedir asilo en la Argentina. Humala tampoco dijo una palabra en solidaridad con Robles ni se retiró entonces ni después del Ejército corrupto de Montesinos, que era el sostén de la dictadura de Fujimori.

No lo hizo porque, además de ser cómplice, fue también, según todos los indicios y testimonios más confiables, sicario de esa dictadura: Humala está acusado de torturar y asesinar, siendo capitán del Ejército, a Natividad Avila, Benigno Sullca, Miguel Herrera Ortiz y Hermes Estela, entre 1992 y 1993. Lo acusan los humildes familiares de las víctimas, quienes lo reconocieron, indignados y aterrados, al verlo no hace mucho como candidato presidencial.

Su lealtad y falta de escrúpulos fueron premiados por el siniestro Montesinos: de julio de 1999 a enero del 2000, Humala fue nombrado jefe de relaciones públicas en Arequipa del general incondicional a Montesinos, Abraham Cano, quien, agradecido, recomendó su ascenso a comandante.

Con sospechoso sentido de la oportunidad, Ollanta Humala, ya siendo comandante, y su hermano Antauro se levantaron en armas contra la dictadura de Fujimori y Montesinos recién el 29 de octubre del 2000, el mismo día y casi a la misma hora, la una de la mañana, en que Montesinos se fugó en yate del Perú, cuando esa dictadura se desplomaba y no había ya riesgo alguno de que la sublevación fuese aplastada.

Tras ser amnistiado por aquella extraña rebelión militar, que bien pudo ser una operación para distraer la atención de la fuga de Montesinos, que llamó tres veces desde el teléfono satelital de su yate al cuartel que comandaba Humala en el sur del Perú en las horas previas al motín, Humala no tardó en volver a medrar del poder: en efecto, el gobierno de Toledo le pagó un salario de 270.459 dólares en los años 2003 y 2004 como adjunto al agregado militar en París y agregado militar en Seúl.

Curiosamente, Humala ahora llama "comechados" a los congresistas peruanos por cobrar 10 mil dólares al mes, pero él cobró 8 mil dólares al mes al gobierno de Toledo, por dos años consecutivos, en unos cargos públicos que, dado que se dedicó a estudiar en París y no sabía hablar coreano, no debieron de ser demasiado extenuantes.

El 18 de octubre del 2004, mientras Humala servía al gobierno de Toledo en Seúl, el periódico Ollanta tituló en portada: "¡Pena de muerte para el traidor Toledo, presidente de todos los chilenos!". Aunque parezca mentira, Humala se permitió la pasmosa duplicidad moral de pedir el fusilamiento del presidente Toledo, al mismo tiempo que lo representaba en misión remunerada en el extranjero.

Humala dice ahora que no justifica políticamente la violencia, pero es bueno recordar que no tuvo reparos en poner su nombre, Ollanta, a un periódico que en numerosas ocasiones pidió el fusilamiento de opositores políticos, chilenos, judíos y homosexuales.

El 3 de enero del 2005, bajo el gobierno democrático de Toledo, la BBC le preguntó si apoyaba el asalto a una comisaría perpetrado por su hermano Antauro, que causó la muerte de cuatro policías. Humala respondió: "La población tiene el derecho a la insurgencia popular. Apoyo al movimiento etnocacerista (de Antauro) y a cualquier movimiento que haga uso de ese derecho".

Dos días antes, declaró: "Respaldo a mi hermano Antauro y hago un llamado a las fuerzas vivas del país para que obliguen a que Toledo salga de la presidencia".

El 13 de febrero del 2005, dijo: "Toledo está usurpando el cargo y ya no le corresponde estar en el poder".

Desde luego, Humala falseaba la realidad. Toledo no era ni es un usurpador. Era y es el presidente legítimo del país.

El 22 de abril del 2005, declaró: "Es probable que el pueblo dé un golpe de Estado de masas para sacar a Toledo. Yo apoyo una situación de ese tipo".

Tal vez conviene recordar que no voté por Toledo en las elecciones presidenciales del 2001 e hice una campaña pública contra él y a favor del voto en blanco en Perú, lo que provocó que sus más exaltados partidarios me agredieran varias veces. Pero ningún demócrata podría exigir el derrocamiento de un presidente elegido por el pueblo y que gobierna, como ha gobernado Toledo, con sumisión al imperio de la ley, por discutida o vapuleada que sea su gestión.

El 9 de octubre del 2005, Humala y su padre, Isaac, rindieron homenaje, en acto público, al dictador militar Juan Velasco, que destruyó la democracia en el Perú en octubre de 1968. No parece razonable creer en la democracia y, al mismo tiempo, admirar a un dictador, sea del signo ideológico que sea.

Pocos meses atrás, también en compañía de su padre, Isaac, viejo militante comunista, y del embajador cubano en Lima, Humala rindió homenaje al partido comunista peruano y aclamó al pintoresco cantante venezolano Hugo Chávez.

Por último, el plan de gobierno de Humala elogia en su página 49 al dictador Juan Velasco por confiscar la libertad de prensa, critica al demócrata Fernando Belaúnde por restaurarla y dice, en el lenguaje de la vieja izquierda que despreciaba la democracia y glorificaba la violencia para capturar el poder, que los medios de comunicación "son aparatos de dominación oligárquica-cultural". Acosado por la prensa libre, que se siente amenazada, Humala promete ahora que respetará la libertad de prensa, pero su plan de gobierno, firmado por él mismo, exalta a quien la secuestró. Parece prudente desconfiar de sus promesas.

Está claro entonces que Ollanta Humala no es un demócrata ni un hombre de paz. Es, no nos engañemos, un aprendiz de dictador y un matón enmascarado."

5 comentarios:

lonely boy dijo...

Pilas de mierda. Por lado y lado.

Roscoe dijo...

Oh que mala que Humala se haya ido en mala, pero la gente es la mala porque no sabe elegir, así que filo.

Eso.

Que Fome.

No soy tan fome en mi blog, eso si







¿o no?

Le voy a decir al Christiano que lo andas buscando, mañana lo veo.

cienfuegos dijo...

muchas muchas gracias roscoe

Guillem dijo...

no se puede resolver el odio con más odio

atoc dijo...

Llamas demócrata a ese viejo de Belaunde. Este viejo que permitio la esclavitud de gente en las haciendas, gente que perdio su condición básica de pesona que es la libertad.Jaime bayly es un perfecto idiota que confunde la libertad con libertinaje , es la persona mas despreciable que existe en le Perú.