jueves, 10 de agosto de 2006

El Nuevo Coloso, de Benjamin Sachs

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"Como todos los lectores saben, El nuevo coloso es una novela histórica, un libro meticulosamente documentado situado en América entre 1876 y 1890 y basado en hechos reales. La mayoría de los personajes son seres que vivieron realmente en esa época, e incluso cuando los personajes son imaginarios, no son tanto inventos como préstamos, figuras robadas de las páginas de otras novelas. Por lo demás, todos los hechos son verdaderos -verdaderos en el sentido de que siguen el hilo de la historia- y en aquellos lugares en los que eso no queda claro, no hay ninguna manipulación de las leyes de la probabilidad.

Todo parece verosímil, real, incluso banal por lo preciso de su descripción, y sin embargo Sachs sorprende al lector continuamente, mezclando tantos géneros y estilos para contar su historia que el libro empieza a parecer una máquina de juego, un fabuloso artefacto con luces parpadeantes y noventa y ocho efectos sonoros diferentes.
De capítulo en capítulo, va saltando de la narración tradicional en tercera persona a diarios y cartas en primera persona, de tablas cronológicas a pequeñas anécdotas, de artículos de periódico a ensayos o diálogos teatrales.

Es un torbellino, una maratón a toda velocidad desde la primera línea hasta la última, y piense lo que cada uno piense del libro en su conjunto, es imposible no respetar la energía del autor, el absoluto atrevimiento de sus ambiciones.

Entre los personajes que aparecen en la novela están Emma Lazarus, Toro Sentado, Ralph Waldo Emerson, Joseph Pulitzer, Búfalo Bill Cody, Auguste Bartholdi, Catherine Weldon, Rose Hawthorne (la hija de Nathaniel), Ellery Channing, Walt Whitman y William Tecumseh Sherman.
Pero también aparece Raskolnikov (sacado directamente del epílogo de Crimen y castigo: puesto en libertad y recién llegado como emigrante a los Estados Unidos, donde da forma inglesa a su nombre y lo convierte en Ruskin), e igualmente está Huckleberry Finn (un hombre de mediana edad sin ocupación fija que protege a Ruskin), y lo mismo Ismael de Moby Dick (que tiene un brevísimo papel como tabernero en Nueva York).

El nuevo coloso empieza en el año del primer centenario de Estados Unidos y recorre los principales acontecimientos de la siguiente década y media: la derrota de Custer en Little Bighorn, la construcción de la Estatua de la Libertad, la huelga general de 1877, el éxodo de los judíos rusos hacia América en 1881, la invención del teléfono, los disturbios de Haymarket en Chicago, la práctica de la religión de la Danza del Espíritu entre los sioux, la masacre de Wounded Knee. Pero también se registran pequeños sucesos, y son éstos los que finalmente dan al libro su forma, los que lo convierten en algo más que un rompecabezas de hechos históricos.

El primer capítulo es un buen ejemplo de lo dicho. Emma Lazarus va a Concord, Massachusetts, para pasar unos días invitada en casa de Emerson. Mientras está allí, le presentan a Ellery Channing, el cual la acompaña a hacer una visita a Walden Pond y le habla de su amistad con Thoreau (muerto catorce años antes). Los dos se sienten atraídos y se hacen amigos, otra de esas extrañas yuxtaposiciones a las que tan aficionado era Sachs: el caballero canoso de Nueva Inglaterra y la joven poetisa judía de Millionaire's Row en Nueva York.
En su último encuentro, Channing le da un regalo y le dice que no lo abra hasta que esté en el tren de regreso a casa. Cuando ella desenvuelve el paquete encuentra un ejemplar del libro de Channing sobre Thoreau, junto con una de las reliquias que el anciano ha atesorado desde la muerte de su amigo: la brújula de bolsillo de Thoreau. Es un momento hermoso, tratado con mucha sensibilidad por Sachs, e introduce en la mente del lector una importante imagen que se repetirá con distintos disfraces a lo largo del libro. Aunque no se dice explícitamente, el mensaje no puede ser más claro. América ha perdido el rumbo. Thoreau era el único hombre que sabía leer la brújula, y ahora que ha muerto no tenemos ninguna esperanza de volver a encontrarnos a nosotros mismos.

Está la extraña historia de Catherine Weldon, la mujer de clase media que se va al Oeste para convertirse en una de las esposas de Toro Sentado. Hay un relato burlesco del viaje del gran duque ruso Alexis por los Estados Unidos, cazando búfalos con Bill Cody, bajando por el Mississippi con el general George Armstrong Custer y su esposa. Está el general Sherman, cuyo segundo nombre rinde homenaje a un guerrero indio, recibiendo un nombramiento en 1876 (sólo un mes después de la última resistencia de Custer) "para asumir el control militar de todas las reservas en territorio de los sioux y tratar a los indios que allí se encuentren como prisioneros de guerra" y luego, sólo un año más tarde, recibiendo otro nombramiento del Comité Americano para la Estatua de la Libertad "al objeto de decidir si la estatua debe colocarse en la isla Governor o en la de Bedloe".

Está Emma Lazarus muriéndose de cáncer a los treinta y siete años, atendida por su amiga Rose Hawthorne, la cual se transforma de tal modo a causa de la experiencia que se convierte al catolicismo, entra en la orden de Santo Domingo como la hermana Alfonsa y dedica los últimos treinta años de su vida a cuidar enfermos terminales. Hay docenas de episodios semejantes en el libro, todos auténticos, todos basados en hechos reales, y sin embargo Sachs los hilvana de tal manera que se van volviendo cada vez más fantásticos, casi como si estuviese delineando una pesadilla o una alucinación. A medida que el libro avanza adquiere un carácter más inestable -lleno de encuentros y partidas imprevisibles, caracterizado por cambios de tono que se hacen cada vez más rápidos-, hasta que uno llega a un punto en el que le parece que todo empieza a levitar, a elevarse milagrosamente del suelo como un gigantesco globo meteorológico. Al llegar al último capítulo, uno está tan arriba que se da cuenta de que no puede volver a bajar sin caerse, sin quedar aplastado.

Tiene defectos claros, sin embargo. Aunque Sachs se esfuerza por enmascararlos, hay veces en que la novela parece demasiado construida, demasiado mecánica en su orquestación de los sucesos y sólo en raras ocasiones los personajes cobran vida plenamente."


Auster, Paul (1992), Leviatán

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Auster la lleva

Daniel Quinn

Anónimo dijo...

Very cool design! Useful information. Go on! »