martes, 30 de junio de 2009

Antonio Bascuñan entrevistado por Cony Stipicic en Què Pasa

""Por qué es preferible ser liberal que católico", se llamaba una conferencia que dictó tiempo atrás el abogado y profesor universitario Antonio Bascuñán. El suyo es un testimonio de la tensión entre una convicción política liberal y el credo religioso cristiano. Sometimos a Bascuñán a las llamadas disyuntivas valóricas de moda, sobre todo en la contienda presidencial: uniones civiles homosexuales, aborto terapéutico y píldora del día después. Él prefiere hablar de temas de moral social sexual, porque lo otro -dice- "es una invención de obispos y periodistas".

Su mirada de por qué nuestra sociedad no ha podido resolver esos temas apunta a la incapacidad del mundo político de leer adecuadamente lo que su público demanda y también a la injerencia de lo que él llama el magisterio católico.

-Respecto de la píldora del día después, vivimos un eterno déjà vu. ¿Por qué?
-El tema de la píldora ya lo habíamos resuelto cuando en los sesenta el Estado estableció una política pública de salud reproductiva que incluía la puesta a disposición de las mujeres de métodos anticonceptivos. Pero la eliminación del aborto terapéutico hacia fines del gobierno de Pinochet implicó una redefinición del estatus del aborto y se entendió que ese cambio traía consecuencias para el nuevo método anticonceptivo en virtud de su no descartable efecto de impedimento de la anidación. Si a eso se añade el discurso permanente del magisterio eclesiástico contrario a la anticoncepción, se puede advertir que se confunden las cuestiones y entonces termina por considerarse como abortivo algo que en el fondo es un rechazo a la anticoncepción.

-El proyecto de ley del gobierno para garantizar la distribución de la píldora divide a la Concertación y a la Alianza. ¿En qué radica la dificultad de consenso respecto de la anticoncepción de emergencia como política pública?
-La anticoncepción en la discusión de hoy tiene algo así como un estatus de política pública razonable, como un bien que es razonable que el Estado provea a la población. Pero falta en la definición la tesis central de que ese bien corresponde a un derecho fundamental. Es decir, que la mujer tiene un derecho constitucional a decidir y planificar su familia como parte de su vida privada, personalísima y autónoma.

-Eso en su visión liberal, porque los conservadores dirían que antes está el derecho a la vida del que está por nacer.
-Antes de introducir ese argumento el conservador tiene que decir cuál es el valor que atribuye a la autonomía reproductiva de la mujer. Mientras eso no esté aclarado, la discusión gira en el vacío. Por ejemplo, si es legítimo evitar un embarazo mediante la anticoncepción, entonces la píldora del día después incluso puede justificarse bajo la doctrina católica del doble efecto. La pregunta ahora es si la autonomía reproductiva es o no un derecho de la mujer. La respuesta a esa pregunta no se encuentra, por ejemplo, en el razonamiento del Tribunal Constitucional sobre la píldora. Y no lo está porque en su planteamiento para defender el decreto de la píldora, el gobierno tampoco se atrevió a exigir del TC pronunciarse sobre el estatus constitucional que tiene la autonomía reproductiva.

-¿Por qué?
-Porque sostenerlo implica la afirmación de la legitimidad ante el Estado de un conjunto de acciones que el magisterio eclesiástico romano considera intrínsecamente inmorales.

-¿Es falta de voluntad política entonces?
-Ahora veremos qué sucede con el proyecto de ley que dispone la distribución de la píldora. En este tipo de cuestiones, la experiencia histórica demuestra que es necesario cortar el nudo gordiano. Basta una afirmación categórica del derecho a la libertad personal en un ámbito prohibido por la moral del magisterio eclesiástico romano, para que los clérigos queden situados en el lugar que les corresponde: el de la exhortación y el consejo moral.

-¿Pero qué pasa con el derecho a la vida?
-Si la autonomía reproductiva es un derecho fundamental de la mujer, si la anticoncepción en sí misma no presenta reparo alguno, entonces el uso del levonorgestrel es enteramente justificable. El peor de los argumentos en su contra es que no podríamos descartar del todo la posibilidad de un efecto impeditivo de la anidación del embrión. La mejor evidencia científica descarta ese efecto. Pero aun concediendo el argumento, es obvio que se trata del riesgo mínimo imaginable: un evento del que no podemos afirmar que se encuentre científicamente excluido. Es enteramente razonable asumir eso como un riesgo permitido para garantizar a la mujer el uso de un anticonceptivo en una situación de emergencia. Los seres humanos nacidos estamos expuestos a miles de riesgos que sabemos a ciencia cierta que pueden ser causados por las acciones de los demás y que aceptamos como razonablemente permitidos.

-¿Eso explicaría a su juicio la posición favorable a la píldora de los tres candidatos?
-En el caso de Enríquez-Ominami no hay necesidad de explicación; él es partidario de permitir el aborto dentro de un plazo como medio de control de la reproducción. Tratándose de Piñera y de Frei, bueno, hay dos maneras de verlo. Una, como cálculo estratégico: ninguno quiere pagar el costo de la impopularidad de oponerse a la píldora. Otro, como sensatez política: ambos están convencidos de que es un medio anticonceptivo y que es absurdo enfrentar la cuestión como si fuera una discusión sobre el aborto.

En campaña

-¿Qué visión se ha formado de la incursión de los candidatos en estos temas? ¿Le parece que estamos ante una discusión auténtica o que obedece al año electoral?
-Yo observo el discurso de las campañas presidenciales con interés, por el fenómeno que significa, pero sin mucho entusiasmo. Lo observo, además, con algo de molestia, pero con un moderado optimismo.

-Es una mezcla bien rara... ¿Por qué la molestia?
-Esos tres temas corresponden a experiencias humanas de sufrimiento, soledad, exclusión, vergüenza y humillación. Frente a eso, lo debido es la compasión o la indignación. ¿Qué veo en los candidatos? Sordera dogmática en Piñera, una suerte de reticencia distante en Frei, y en su manejo por Enríquez-Ominami atisbo un riesgo de banalización. Lo peor que puede pasar es que quede establecido que abordar estos problemas es signo de inconformismo o excentricidad. La píldora y el aborto no son temas marginales, sino una cuestión central para la igualdad y la dignidad personal de la mujer. El tema de las uniones civiles de parejas del mismo género sí se refiere a intereses de minorías, pero la cuestión de cómo la mayoría trata a las minorías es directamente expresiva del sentido de justicia igualitaria de la mayoría, y eso es constitutivo de una democracia.

-¿Y el moderado optimismo?
-Porque salvo por el debate de la píldora del día después, que experimentó un retroceso con la decisión del Tribunal Constitucional, en el hecho del debate acerca de los otros dos temas ya advierto un avance. El tema aborto era un tabú hasta hace un año, ya abiertamente no lo es; y la relación sexual entre hombres, bueno era un delito hace diez años y ahora la discusión es hasta dónde debe reconocerse derechos a una pareja de hombres o mujeres.

-¿Cree que Piñera y Frei se vieron forzados por Enríquez-Ominami a entrar en estos temas?
-La irrupción de Enríquez-Ominami muestra una falta de identificación del electorado con el discurso de los bloques de partidos que monopolizan las alternativas de poder. De nuevo, se lo puede ver de dos modos. Uno, que esto no es más que una reacción estratégica frente a una competencia inesperada; otro, que es un esfuerzo por asumir lo que ahora se reconoce como un déficit en el discurso. Detrás de esto está la demanda de la mujer por un control efectivo de su vida personal y la demanda de muchos por la inclusión de los excluidos. Con moderado optimismo creo que en cualquiera de sus versiones, el hecho es valioso.

-¿Es un tema electoralmente potente? ¿Puede marcar una diferencia que los candidatos tengan una definición clara?
-Bueno, siendo igual todo lo demás, es decir, si no hay grandes diferencias en cuanto a propuestas administrativas, económicas, ni fantasías colectivas poderosas rivales, es obvio que esto puede ser un tema relevante. La discusión que comienza sobre el proyecto de ley del gobierno para distribuir la píldora así parece demostrarlo. No se trata, por supuesto, de la propuesta legal específica que tenga el candidato sobre uno u otro tema, pero sí de la impresión que dé en general su discurso acerca de ellos. Que el discurso sea capaz de demostrar sensibilidad, voluntad de inclusión y un sincero compromiso con la igualdad: eso puede ser muy relevante.

-Considerando las complejidades de sus respectivos partidos, ¿cree que Piñera y Frei podrán elaborar un oferta como la que usted plantea?
-Yo diría que en ambos ha sido evidente su orientación en ese sentido. No es casual que Piñera se esfuerce por no aparecer como derechista, y que Frei haga gestos a la izquierda de su coalición. La dificultad en el caso de Piñera está en que un número significativo de sus parlamentarios no comparte ese discurso ni tiene vocación de mayoría: a ellos les basta con conservar su posición en el Congreso. La dificultad en el caso de Frei proviene del hecho de que hasta el momento la Concertación ha optado por no decidir en estos temas. Elaborar un discurso común a democratacristianos, liberales de izquierda y socialistas sobre estos asuntos no es tarea fácil.

Paciente compromiso

-¿Cuál de los tres temas le parece que es el más inhibidor?
-El aborto, sin duda. La base de esa dificultad está en una negativa a asumir que los dos puntos de vista en conflicto tienen valor.

-Y los dos puntos de vista son...
-La idea de que tenemos un deber de solidaridad con los seres humanos que ya están anidados en el útero de una mujer, para que nazcan y vivan entre nosotros. Y la idea de que hasta el momento ese deber de solidaridad ha recaído de un modo injusto en la mujer embarazada.

-Usted centra la discusión en el derecho de la mujer.
-No puede ser una discusión de todo o nada. Hay que mirar a los demás países y preguntarse por qué algunos, como Alemania, han logrado resolver el problema sin una división profunda en la población, y otros no lo han logrado, como Estados Unidos. La razón está en desarrollar una comprensión que sea leal a ambos valores en juego. Eso es posible. Los fanáticos no tienen por qué prevalecer entre nosotros.

-¿Cómo tendría que hacerlo Frei, por ejemplo?
-Frei se ha manifestado favorable a discutir el aborto terapéutico. Allí hay un principio importante: no podemos exigir a la mujer que tolere el embarazo bajo todo evento. El deber exigible a la mujer tiene límites. Más allá de esos límites, el Estado debe dejar la decisión en sus manos.

-¿Y Piñera?
-Bueno, si Piñera sinceramente está preocupado por proteger la vida humana no nacida, que abra los ojos. Las sanciones penales a las mujeres embarazadas que abortan no protegen efectivamente. Sólo hacen que nos engañemos.

-Respecto de las uniones homosexuales, ¿cómo evalúa la incursión de los candidatos?
-Bueno, como casi todas las cuestiones de minorías, las relaciones afectivas entre parejas del mismo género han tenido una evolución. Primero se reclama privacidad. Con cargo a eso se eliminó el delito de sodomía que existía hasta 1998. Después viene un reclamo de libertad de expresión: se quiere ser visible. Chile todavía está, por lo menos en ciertos aspectos, en esta etapa. Finalmente, viene un reclamo de reconocimiento. Ya no se trata de que no haya intrusiones en la vida privada, ya no se trata de que no se impida la expresión en público; ahora se trata de que el modo de vida minoritario sea reconocido como válido por los demás. Por eso, el reclamo del matrimonio tiene que ser entendido como la máxima expresión de la aceptación de esa demanda de reconocimiento.

-Cosa que en Chile no va a ocurrir, al menos por ahora.
-Bueno depende de cómo se lo quiera lograr y de cómo se crea más probable lograrlo. Hay estrategias judiciales radicales, estrategias legislativas radicales y estrategias graduales. La pregunta es en qué condición están estas minorías para hacer valer sus reclamos. Yo creo que la situación chilena es incierta porque se da en niveles contradictorios. Hay un cierto nivel de apertura e igualación, pero hay todavía prácticas sociales discriminatorias; hay definiciones estatales que son de igualación, pero también hay prácticas al interior del Estado que son discriminatorias. Entonces lo que hay es una importante disociación entre los discursos, las declaraciones y las prácticas efectivas. La pregunta principal es cuál es la intensidad necesaria para remover las prácticas discriminatorias. Yo diría que la intensidad necesaria es un reconocimiento del vínculo afectivo. Puede darse ese reconocimiento con puros efectos patrimoniales; pero lo crucial es que la razón de esos efectos sea el vínculo afectivo y su reconocimiento judicial o legal.

-Hoy día tampoco está regulada la convivencia heterosexual...
-Por ley no, pero la diferencia es grande: las parejas heterosexuales pueden casarse, está en manos de ellos hacerlo o no. Las parejas del mismo género no tienen esa disposición. No es una cuestión para parejas de hecho, es una cuestión para parejas que no tienen modo instrumental y simbólico de realización de su vínculo afectivo.

-Éste es el tema más novedoso de la agenda "valórica". ¿Tiene alguna expectativa si los otros llevan años pendientes?
-Mientras la discusión sobre el aborto sea un enfrentamiento de todo o nada, es decir, mientras cada parte sea ciega a la evidencia que la otra defiende, es imposible una solución pacífica. La regulación del aborto necesita un largo y paciente trabajo de compromiso, sabiendo que hay sectores que no están dispuestos a ese compromiso, porque han optado por la ceguera.

-O sea, ¿la novedad podría salvar a las uniones homosexuales de quedar en un callejón sin salida?
-Más bien porque tiene otra dimensión: valida el matrimonio. Hoy la discusión de fondo en el mundo occidental es si la institución del matrimonio es un modo justo de distribuir derechos y bienes. Un conservador que mira a largo plazo tiene que advertir que el acercamiento de las parejas del mismo género hacia la institución del matrimonio refuerza y no erosiona la validez de esa institución."

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