domingo, 29 de marzo de 2009

Carlos Peña: Remedios que matan

El caso de las farmacias que timaron a medio mundo -se pusieron de acuerdo para hacer subir los precios como la espuma y expoliar así a miles de enfermos- es de estricto autointerés. Fue en interés propio que las farmacias se coludieron y es en interés propio (para evitar las penas del infierno) que una de ellas (Farmacias Ahumada) se denunció a sí misma y a las otras.

No es que los controladores de Farmacias Ahumada (sus dueños o sus directores) sean más virtuosos que los otros: simplemente son más sagaces y más rápidos. El mismo apetito que los llevó a timar a los consumidores los llevó a confesar más tarde su pecado.

Descontado eso, ¿qué otras dimensiones posee este asunto?

La más obvia es la política.

Ocurre que Piñera resultó ser accionista minoritario de Farmacias Ahumada (¿habrá algo en lo que Piñera no tenga intereses?). Él es uno de aquellos en cuyo beneficio los administradores de la cadena farmacéutica hicieron la trampa. A primera vista se trata de algo que lo desprestigia: ¿cómo puede aspirar a la Presidencia -preguntó Frei- quien tiene un negocio que acaba engañando a miles de personas, las mismas cuyo voto solicitará en unos cuantos meses?

Pero ese reproche es obviamente incorrecto. Piñera tiene interés en Fasa, pero no es controlador del negocio.

En una palabra, nada que reprocharle.

No hay duda de que Piñera ha cometido errores y precipitaciones (incluida la colusión de precios, como lo prueba la multa de 88 millones de dólares que deberá pagar LAN Cargo en EE.UU.), pero entre ellos -maldición, dirán algunos- no se cuenta el caso de las farmacias.

Así, entonces, los rivales de Piñera se quedarán esta vez con las manos vacías.

Tampoco es muy sensato hacer de esto un caso en contra del mercado.

No nos vamos a enterar ahora de que las farmacias son negocios, y que no es su benevolencia la que nos procura los remedios: es su apetito de lucro el que lo hace. Sin ese afán el mundo sería más puro, desinteresado y sin trampas, pero también sería más pobre, más lento y más uniforme.

Por eso, en vez de desconfiar del mercado por la conducta de estos rapaces de cuello y corbata, es mejor esmerarse en detectar las artimañas y castigarlas con severidad. La libre competencia hay que hacerla funcionar saliendo al paso de quienes, en beneficio propio, la sabotean. Esto exige que la pena por la colusión sea superior a los beneficios que con ella se obtuvieron (así, el propio interés de los ejecutivos y los directores, más que su moralidad, los llevará a no repetir el número).

Y recordar una y otra vez que en una economía de mercado el precio justo se fija por el juego impersonal de la oferta y la demanda, y no por los acuerdos de un puñado de vivos y de pícaros.

Una vez a salvo Piñera y el mercado, ¿habrá que quedarse tranquilo?

Por supuesto que no.

Lo que resta es saber qué responsabilidad tuvieron los altos ejecutivos y los directores. La dirección de una sociedad anónima es lo más parecido a una función pública. De ahí que los directores -además de la responsabilidad en sentido estricto- deban tener, en los hechos, responsabilidad -¿social?, ¿moral?- frente a la ciudadanía.

Después de todo, era en sus narices que se cometía este desfalco de hormiga en perjuicio de miles y miles de consumidores. Los medios debieran esmerarse en divulgar su identidad y hacer el escrutinio de su conducta. Después de todo, si ellos hubieran cumplido su deber, esto no habría ocurrido.

No nos vaya a pasar que, dejándonos llevar por el lenguaje o por el temor, atribuyamos a un ente abstracto (Fasa) lo que es resultado de la decisión o la pereza de algunas voluntades individuales (de los directores o de los ejecutivos).

Todavía está fresco el uso de información privilegiada a propósito de la fusión entre D y S y Falabella, algo que trae involuntariamente a la memoria que alguna vez D y S se fusionó también con Fasa, la timadora arrepentida de hoy día. Nadie duda, por supuesto, de la buena conducta y la recta intención de todos los que dirigen a esas empresas (para repetir el discurso fúnebre de Julio César: todos sabemos que son hombres honrados); pero algo debe andar mal con sus empleados, con la forma en que los eligen, la manera en que los vigilan, las rutinas a que los someten o el modo en que cumplen sus deberes, para que, de nuevo, sean salpicados por dineros deshonestos.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Desolation Row: tremenda versiòn por My Chemical Romance

Zambra en Zoetrope: Fantasy

Salió el número de Zoetrope dedicado  a los latin wrtitters y en que Alejandro Zambra participa con un cuento llamado Fantasía.
Es posible aceder online a la revista por lo que aquí va sólo el comienzo del cuento y si quieren proseguir su lectura, hay que clikear e ir a la revista Zoetrope:

"1.
It was in 1996, four or five months after my father's death. Perhaps it's better to begin with that death, with that ending. I don't know. At that time my father was my enemy. I was twenty years old and I hated him. Now I think that hating him was unfair. My father didn't deserve that hatred. I don't know whether he deserved love, but I'm sure he didn't deserve that hatred.
He had just bought a truck, with the last of his savings, a white 1988 Ford in good condition. The day it was delivered he parked it two blocks from home, but the next morning he died—he died of a heart attack, just like his father and his father's father—so the truck stayed there for several weeks, exposed to the elements, obstructing traffic. After the funeral, my mother decided to head south; she returned south, in reality, as if obeying a long-premeditated plan. She didn't want to tell me she was leaving for good. She didn't ask me to accompany her. So I ended up with the house and the truck, which one morning, emboldened by loneliness, I drove carefully through outlying streets until I found a place to leave it.
I spent the days half-drunk, watching movies in the big bed and sullenly receiving the neighbors' condolences. I was, at last, free. That this freedom was so similar to abandonment seemed like nothing more than a detail. I dropped out of the university, without giving it much thought, since I couldn't see myself studying for the Calculus I exam again, for the third time. My mother sent me enough money to get by on, so I forgot about the truck until Luis Miguel came to ask me for it. I remember that I opened the door with fear, but Luis Miguel's kindness immediately eased my suspicions. After introducing himself and apologizing for the late hour, he said he'd heard I had a truck and he wanted to propose I rent it to him.
I could drive it and pay you a monthly fee, he said. I responded that I had little or no interest in the truck, that it would be better for me to sell." 

Nuevamente B. Traven el misterioso

Traven según Diario La Jornada

Hace años escribí sobre Traven. El Cultural del diario El Mundo a raíz de la publicación de El barco de la muerte (alfabia editores) a fines de marzo se pregunta por su esquiva identidad. En la nota se publica un adelanto de El barco de la muerte y se incluye el texto introductorio de Javier Marías , escrito en 1999, que acompaña la edición. Ahí Marías enumera las múltiples personalidades posibles de las que gozó el misterioso B. Traven. La enumeración misma es una relato que parece escrito por Georges Perec:

"Es de lo poco seguro: B. Traven murió en ciudad de México el 26 de marzo de 1969, quizá a los ochenta y siete años, y sus cenizas, como había pedido, fueron esparcidas sobre el río Jataté en la selva de Chiapas. Con esa inicial y ese apellido firmó la mayoría de sus libros, de los que se llevan vendidos más de 35 millones de ejemplares en 36 lenguas. El más famoso -aunque gracias al cine- fue El tesoro de Sierra Madre. Se cuenta que era el novelista favorito de Einstein, y su historia, su enigma, su leyenda, no han sido puestos en claro de forma unívoca y definitiva, así que será lo último lo que acabará prevaleciendo. 
En tres obras relativamente recientes sobre su personalidad y su vida, cada autor llega a muy distintas conclusiones, si bien coinciden los tres en algunos datos, para que se acreciente la intriga. No puedo resumir aquí tantas pesquisas, pistas falsas, contradicciones y desmentidos, esforzadas deducciones y certezas negadas, tanta labor detectivesca. 
Pero para hacerse una idea de la capacidad esquiva de Traven, basta con enumerar los nombres que utilizó en la ficción o en la realidad: Arnolds, Baker, Hal Croves (con éste se hacía pasar por su propio agente cinematográfico), Traven Torsvan, Traves Torsvan, Berick Traven, Bruno Traven, Traven Torsvan Torsvan, Traven Torsvan Croves, B.T. Torsvan, Ret Marut, Rex Marut, Robert Marut, Fred Maruth, Fred Mareth, Red Marut, Richard Maurhut, Albert Otto Max Wienecke, Adolf Rudolf Feige, Kraus Martínez, Fred Gaudet, Otto Wienecke, Lainger, Goetz Ohly, Anton Riderscheidt, Robert Bek-Gran, Arthur Terlelm, Wilhelm Scheider y Heinrich Otto Becker, que se sepa. 
Más modesta es la lista de nacionalidades que dijo tener, a menudo con pasaporte: inglesa, americana, sueca, noruega, lituana, alemana y mexicana. No se quedó corto, en cambio, respecto a las profesiones que desempeñó o dijo desempeñar en algún momento: escritor, actor, director teatral, mecánico, ingeniero, librero, fotógrafo, agente teatral, profesor de drama, marino mercante, cocinero, explorador, guía, traductor, marinero, profesor de lenguas, granjero, frutero, tutor, panadero, empresario, soldado, cerrajero, periodista, revolucionario, anarquista bávaro, peón algodonero, científico, guionista, agente literario y psicólogo. Según las diferentes descripciones que de sí mismo hubo de aportar en documentos oficiales, su estatura fue de 1.71, 1.66, 1.65, 1.68 y 1.70. Sus ojos oscilaron tan sólo entre el gris, el azul y el azulgris, pero su pelo fue consignado como castaño, gris, negro, castaño oscuro, castaño claro, rubio, rojizo, blanco y cano. Se dijo que escribía en inglés, en español, en noruego, en sueco y en alemán (al parecer lo hacía en esta última lengua, al menos en primera redacción, aunque siempre negó ser alemán o austríaco). 
En vista de lo escurridizo que era, le fueron atribuidas las siguientes personalidades, ocultas tras su inicial y apellido públicos: el novelista Jack London, el cuentista Ambrose Bierce (quien, ya viejo, había cruzado la frontera con el México revolucionario y desparecido para siempre en 1913), un millonario americano, un negro fugitivo, Frans Blom, el profesor Frank Tannenbaum, un leproso, el Presidente Adolfo López Mateos, Esperanza López Mateos, August Bibelje, Jacob Torice, el Presidente Elías Calles, un editor alemán, Arthur Breisky, el capitán Bilbo, un grupo de literatos hondureños (?), un grupo de guionistas izquierdistas de Hollywood, un hijo ilegítimo del Kaiser Guillermo II y el hijo ilegítimo de un albañil polaco."

martes, 24 de marzo de 2009

El amor después, de Derek Walcott


EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR

El tiempo vendrá
cuando, con gran alegría,
tú saludarás al tú mismo que llega
a tu puerta, en tu espejo,
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Seguirás amando al extraño que fue tú mismo.
Ofrece vino. Ofrece pan. Devuelve tu amor
a ti mismo, al extraño que te amó
toda tu vida, a quien no has conocido
para conocer a otro corazón,
que te conoce de memoria.
Recoge las cartas del escritorio,
las fotografías, las desesperadas líneas,
despega tu imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida.

viernes, 20 de marzo de 2009

Uh sambaye

Videoclip de este gran tema, dirigido por Pablo Perelman. Esta versión del tema fué originalmente grabada en vivo en Sábado Gigante de Canal 13 en 1979.

lunes, 16 de marzo de 2009

"Es posible volver a empezar una vida, pero no una biblioteca" Goran Bregovic

En El País:

"Goran Bregovic sigue siendo a los 59 años -los cumple el 22 de este mes- un rebelde. Aunque procede de un territorio convulso en el que abundan las etiquetas nacionalistas (serbios, croatas, bosniacos, kosovares) se considera yugoslavo, una nacionalidad que ya no existe; que sólo permanece en la música y en la memoria. "Si tu país desaparece, descubres que no era algo político ni geográfico, sino emocional. No me siento represente de una nación o un Estado. Sólo represento ese territorio emocional que no tiene nada que ver con la política", asegura en una entrevista realizada el viernes en Cádiz, en víspera del primero de los tres conciertos que dará en España junto a su Banda de Bodas y Funerales (hoy en Madrid, teatro Price; el 18 en Barcelona, en el Palau de la Música).


"Tuve profesores que terminaron siendo criminales de guerra"

"¿Copiar? Eso es la cultura. Robar y dejar cosas para que otros roben"

En Alkohol, su último disco, hay una referencia a esa locura; una frase extraída de una camiseta muy popular en los Balcanes: "Quien no se vuelve loco no es normal". Bregovic no rehúye ningún tema, tampoco el de la guerra. "Creo que conozco a casi todos los criminales de guerra. Conozco a Radovan Karadzic, que antes de la guerra era poeta. Algunos de mis profesores de la Facultad de Filosofía están en La Haya. Eran políticos pequeños que creyeron interpretar personajes históricos. Los seres humanos están condicionados. Si les dejas la oportunidad de convertirse en animales se convertirán en animales. La cultura no nos protege".

En la última película en la que colaboró musicalmente con Emir Kusturica, Underground, se produjo la ruptura entre dos de los artistas serbios más importantes de los últimos años. "Fue realmente difícil. Fue una catarsis. Era una película sobre la guerra cuando aún había guerra. Muchos de los que trabajamos en ella sabíamos que ya habíamos tenido suficiente de él y él, de nosotros. Todos necesitábamos un cambio. Kusturica nunca me pareció interesante como persona. Es un buen artista, quizá el único cineasta que tenemos con un trabajo coherente. La pena es que ya no hace buenas películas porque está solo, aislado. Nadie que esté solo puede hacer una película".

En Underground hay una escena sobre la ruptura de Yugoslavia: cuando un trozo de tierra se desgaja y se aleja flotando. Esa isla volvió por unos días en 2005, cuando Bijelo Dugme, la gran banda de rock de Bregovic, disuelta en los ochenta, dio tres conciertos. "Vendimos 75.000 entradas en Sarajevo y otras 75.000 en Zagreb en un solo día. En Belgrado reunimos a 148.000 personas. Vino gente de todo el mundo, incluso desde Canadá. (...) Con el rock envías violencia al público y el público te devuelve violencia, aunque también se puede llamar energía. En esos conciertos no hubo un solo incidente a pesar de la cantidad de gente que se reunió en lugares tan problemáticos. Observaba desde el escenario cómo todos se preocupan en evitarlos, como si todos quisieran cuidar el momento para que nada lo estropeara. No era sobre musulmanes, croatas o serbios, era sobre personas que sólo querían cantar juntos canciones que todos sabían".

Preguntado por si la música tiene poder para cambiar a la gente, aunque sea por unas horas, responde: "A los artistas occidentales les gusta decir grandes cosas, como que la música puede cambiar el mundo. Vengo de un país comunista y sé dónde está el poder. Aunque trabajo con la misma temperatura que los artistas occidentales, sé que hay un largo camino hasta ser iluminado. Las luces pequeñas ayudan, pero en el fondo no cambian nada".

Una de esas pequeñas luces se la regaló Ernesto Sábato cuando Bregovic acudió a Buenos Aires a dar su primer concierto. "Al llegar al hotel me dieron un sobre que me habían dejado de parte de Sábato. Contenía un libro, Sobre héroes y tumbas, y una carta en la que me pedía disculpas por no acudir al concierto. Me explicaba que mi música le había salvado en momentos de depresión. Lo curioso es que cuando hice el servicio militar en Nis, en la época comunista, robé de la biblioteca del cuartel un ejemplar de ese libro. Lo tuve en mi casa de Sarajevo durante años y lo perdí. Con la guerra perdí todo, también mi biblioteca. Puedes empezar dos veces tu vida, pero no puedes empezar dos veces una biblioteca. Todas las cosas grandes que me han pasado están guiadas por cosas pequeñas que se vuelven grandes, como el libro de Sábato".

"Copio como todos", asegura para defenderse de las acusaciones de sus enemigos. "No soy Dios; es el trabajo de Dios crear. Me llaman compositor porque compongo lo que ya existe. Así ha sido siempre, desde Stravinski, Gershwing, Bono, Lennon... Se trata de un viejo método: tomas algo de tu tradición, robas y dejas atrás cosas para que otros con talento roben también. La cultura es eso, una transformación continua".

Para él, que publicó su primer disco en 1974, la música es un lenguaje anterior a la palabra, y la suya, una mezcla en una zona donde los muy nacionalistas exigen pureza: "Está antes que la palabra, la religión y la política. Siempre cantarás alguna melodía de tus enemigos y siempre escuchas alguna de tus canciones en labios de tus enemigos. Es algo normal. Durante cuatro o cinco siglos fuimos una frontera entre católicos, ortodoxos y musulmanes. Vengo de un sitio donde todo era ya Frankenstein. Cualquier cosa que intentes lleva un Frankenstein dentro. No puedes evitarlo. Si naces en un sitio así sabes que tienes que estar preparado para recibir muchas malas noticias en tu vida", dice Bregovic, hijo de croata y serbia, y marido de una musulmana. Y concluye, "la guerra no es sólo matar gente, quemar casas, la guerra mata una infraestructura cultural, edificada por los hombres con gran dificultad durante mucho tiempo"."

domingo, 15 de marzo de 2009

La lucidez dominical de Peña:

"El caso del padre homosexual (sí: los hay) que obtuvo la tuición de sus hijos (de aquí en adelante los niños serán educados por él y su pareja) ha vuelto a plantear el problema de si la orientación sexual de la gente debe influir o no en la manera en que asignamos derechos y deberes.

Veamos.Hay una amplia gama de asuntos en los que la orientación sexual resulta —aun para los conservadores más recalcitrantes— indiferente. A la hora de celebrar un contrato, leer un libro, comer, escuchar una clase, hacer política u hojear el diario, la condición sexual del comerciante, el escritor, el cocinero, el investigador, el político o el periodista resulta más o menos indiferente. Salvo la maledicencia y el prejuicio —que nunca faltan—, es probable que nadie esté de acuerdo en impedir a un gay o lesbiana dedicarse a algunas de esas actividades.

Habrá prejuicios, no hay duda, pero nadie los llevaría tan lejos como para apoyar reglas públicas que impidieran a los homosexuales desarrollar esas actividades.La situación en el ámbito de la familia —desde el matrimonio a la tuición de los hijos— es, sin embargo, distinta. Mucha gente piensa que en este tipo de asuntos la condición sexual sí que es relevante a la hora de distribuir derechos y deberes. Hay gente que cree que el juez que entregó la custodia de esos niños a su padre gay actuó mal.

¿Por qué la orientación sexual sería, en principio, tan relevante a la hora de criar los hijos o armar una familia? ¿Por qué la relativa tolerancia práctica hacia los gays, que se muestra en un amplio conjunto de actividades humanas, desaparece a la hora de la familia?

Una de las razones que apoyan esa actitud es —en el caso de la tuición— el interés de los hijos. Para los niños es mejor —se dice— crecer en una familia con padre y madre heterosexuales. El aprendizaje de los roles y la afectividad se harían más fácil de esa manera. Si contabilizamos todas las consecuencias, se arguye, desde las personales a las sociales, sería mejor para el niño crecer en una familia de base heterosexual.

Ese argumento —que se escucha una y otra vez— es obviamente falaz. Lo que sea mejor para un niño no puede juzgarse en abstracto, sino que debe hacerse en concreto, atendiendo a las circunstancias de cada caso. Así, habrá padres homosexuales que parecen una maldición; padres gays que son ejemplares; madres lesbianas abnegadas; madres heterosexuales que parecen una condena, y padres heterosexuales que son un ejemplo.

¿Que los niños podrían ser expuestos a la burla y la malediciencia en el colegio? Es posible (como ocurre ya con los que padecen defectos físicos), pero ésa es una buena razón para mejorar nuestras prácticas escolares, y no una para ceder al prejuicio. Si fuera por eso, Rosa Park jamás se habría sentado en el lugar de los blancos y los niños negros nunca habrían entrado a la escuela de Little Rock.

El interés de los hijos —cuando se lo aprecia en concreto, como debe ser— no se inclina ni por los homosexuales ni por los heterosexuales. En este valle de miserias hay que mirar caso a caso.

Pero, se dirá, hay aún otro argumento para evitar, de principio, la entrada de los gays y lesbianas a las relaciones familiares.

El lugar natural de la sexualidad, dice este punto de vista, es la convivencia heterosexual constituida en matrimonio. Esa familia estaría a la base de la condición humana. Sólo allí sería posible que cada uno de nosotros, y los recién venidos a este mundo, desplegaran todas sus potencialidades. La condición homosexual sería una especie de burla del destino, un capricho de la naturaleza que algunas personas debieran reprimir, pero que no merece ser tratada de la misma forma que la condición heterosexual.

Ese argumento parece más la racionalización de un prejuicio que otra cosa.Es fácil advertir cómo devalúa a los homosexuales, hasta presentarlos como una anomalía que merece ser corregida y controlada. No es difícil suponer que quienes así piensan creerán que esos niños, cuya madre heterosexual no tenía voluntad de acogerlos, estarían mejor en un hospicio o en la calle que con su padre.

Todo sea por honrar, pensarán, la ley natural.

Afortunadamente, el punto de vista de una sociedad que trata con igual respeto y consideración a todos sus miembros es distinto.

En una sociedad de esa índole —la sociedad que debemos esforzarnos por construir—, las preferencias sexuales de las personas deben ser tratadas con neutralidad, sin considerar a ninguna de ellas como intrínsecamente mejor que otra. Si usted ejerce su sexualidad mediando consentimiento, entonces la sociedad no tiene nada que reprocharle. La autoridad pública haría mal si, en razón de esa preferencia sexual suya, le asignara ventajas o le confiriera desventajas. Y el resto de los ciudadanos actuaría incorrectamente si a partir de su condición sexual derivara características como la veracidad, el pudor, la honradez o la lealtad.

Y es que una cosa es la condición sexual de cada uno y otra sus disposiciones morales o de carácter.

jueves, 12 de marzo de 2009

Zoetroppe

En el blog "Hablando del asunto" aparece esta noticia que liga a papa Coppola con Alejandro Zambra:

Zoetrope All Stories es la revista de Arte y Cultura fundada por Francis Ford Coppola, un éxito de lectura obligada en el mundo literario norteamericano desde hace una docena de años, dedicada a las nuevas generaciones de escritores de ficción. De vez en cuando, la revista busca "curadores" invitados para determinados números. La edición de primavera de la revista estará dedicada íntegramente a los nuevos narradores de América Latina y los curadores son dos peruanos: Diego Trelles Paz y Daniel Alarcón. El diseño de la revista será del cineasta mexicano Guillermo del Toro.

Los autores elegidos para este número especial son: Patricio Pron (Argentina), Carolina Sanín (Colombia), Antonio Ungar (Colombia), Ronaldo Menéndez (Cuba), Inés Bortagaray (Uruguay) Rodrigo Hasbún (Bolivia), Alejandro Zambra (Chile), Aura Estrada (Mexico), Veronica Stigger (Brasil), Slavko Zupcic (Venezuela). Los cuentos saldrán en idioma original (español o portugués) y traducidos al inglés.

Qué teleserie más notable!!



martes, 10 de marzo de 2009

Sala de espera


Lo único bueno de esto es saber que hay prensa lúcida, Radio Bio bío, que denuncia este tipo de imbecilidades.

jueves, 5 de marzo de 2009

Jorge Lanata sobre el debate argentino y susanesco por la restauración de la pena de muerte

Hoy en Crítica (que cumple un glorioso año) Lanata se despacha esta columna que es una clase de cómo argumentar en 2000 caracteres y levantar el debate. Para leer y estudiar.
"Si somos como ellos, estamos perdidos.

Tenemos que arremangarnos para ver cómo podemos sortear este inconveniente –dijo la Presidenta.

¿Arremangarnos? ¿Quiénes? ¿Ellos? ¿Nosotros? ¿Ustedes? ¿Todos? ¿A qué se refiere con “inconveniente”? ¿Los asesinatos lo son? ¿Los dedos cortados de los colectiveros? ¿La muerte en vida de la pobreza es otro inconveniente?

–Todos piensan lo que pienso yo –dice Susana conmovida, torpe, inconsciente de su rol, y las radios estallan de mensajes. Y estalla Sandro y Cóppola después. Y todos piensan lo que piensa Susana. Pedirle a una víctima que legisle es pedirle demasiado; las víctimas sufren, el sufrimiento nunca puede ser equilibrado. A veces, cuando el dolor es tan grande, cuando se sufre tanto tanto, surge un equilibrio como surgió entonces el de las Madres y las Abuelas: no pedían paredón sino justicia. Es curioso que actuemos como si la pena de muerte nunca hubiera estado vigente en la Argentina: la hubo estatal, y privada. Tipos convencidos de que no podían vivir sin el otro, muerto. ¿O no fueron juicios sumarios los campos de concentración, las torturas y las fosas comunes? ¿O no les aplicó la pena de muerte Montoneros a Aramburu, o a Rucci, o al comedor de la Federal? Por favor, alguien que enuncie la utilidad de esas muertes, cualesquiera que fueran.

–En un país corrupto como éste, poner pena de muerte sería una locura –escuché.

La discusión es ética, no de fines. Si existiera una máquina perfecta en la que el detenido pone un dedo, le extrae una gota de sangre y lo declara 100% culpable, ¿usted lo mataría? Se defiende la vida como valor en sí, no por la eficiencia demostrada al quitarla.

Susana dijo lo que dijo y, como siempre sucede, también lo que no dijo, lo que el resto quiso escuchar. ¿Y si ponemos su exabrupto sobre la pena de muerte en un paraguas (al lado de la Mesa de Enlace) y examinamos lo demás?:

–Dijo, llanamente, que nos importan más los chorros que los policías. El tema es eterno y complejo, pero es cierto. Es natural que las personas se interesen por la suerte de los más débiles, y es justo que así sea. Es cierto que la policía sufre una enfermedad casi terminal que la corroe: está infectada de corrupción, silencio, miedo y complicidad pasiva o activa en la delincuencia que supuestamente combate. Como toda organización vertical, no tiene destino sin liderazgos sanos. Y no los tiene. Y no los tuvo. Algo hay que hacer con ella. Un día mi hija menor me va a preguntar por esos tipos de azul: ¿qué le digo? ¿Teneles miedo? ¿Cuidate? ¿Nunca van a protegerte?

–Dijo también, Susana, que los chorros no les tienen miedo a los policías, que no los respetan. Es cierto. La policía no entiende que el respeto se gana por consenso, no por miedo. Nadie los respetará si roban, si aplican la ley de fuga, si transan. Y está bien que así sea. Pero no es sólo la policía sino el sistema general de autoridad lo que está en crisis; como dijo alguna vez Chiche Gelblung, es un milagro que todavía la gente pare en los semáforos. En la provincia, a la noche, ya no lo hace. Escribo estas líneas en un país que tiene hace dos años una frontera terrestre cortada con Uruguay en la que se reclama por una papelera que ya lleva un año de funcionamiento. Ustedes leen esto, ahora, en una ciudad en la que, para hacer doble mano la avenida Pueyrredón, hay que llevar tanques del Ejército.

–¡Vos representás a la burguesía! –le gritaba un señor a una señora sentada en la calle.

–¿Qué me decís? ¿Que soy negro? ¡Sí, soy negro! ¿Y vos qué sos, alemán? –respondía otro, caminando entre los colectivos. No era la toma de la Bastilla. Era la doble mano en Pueyrredón.

Escribo estas líneas en mi país, un sitio donde los jueces pueden condenar años a los detenidos sin haberlos visto en persona ni una sola vez, y pueden tenerlos otros tantos años “en proceso” hasta ue la condena llegue.

La historia argentina registra al menos 124 leyes de amnistía: incluyeron desde el asesinato político y los atentados hasta infractores de la Aduana o desertores del servicio militar. También hubo 49 “pagos únicos y definitivos” y 17 “únicas veces”. Salir es cuestión de tiempo; lo más probable es que la condena no se cumpla (mas allá, incluso, del derogado “dos por uno”, esa especie de ley de promoción de chicle globo en la que el Estado, al no poder cumplir con su obligación de alojar a los detenidos, los liberaba).

La típica postura “progresista” sobre estos temas ha sido muy liberal, casi anarquista, hasta el momento en que a cualquiera le ponen un fierro en la cabeza. El tema es, siempre, un espejo; como la desocupación: nos rodea y puede tocarnos.

–Actúa como un burgués asustado –escuché, también, por ahí. Como si quien lo dijera no fuese otro burgués. ¿O los desesperados llaman a las radios para formar opinión pública?

Nadie puede creer realmente que la solución sea comerse al caníbal. Tampoco soluciona el Gobierno reduciendo el fenómeno a un problema de “percepción de inconvenientes”. (¿Cuántas veces al día Cristina esconderá su Rolex en la manga para evitar que se lo manoteen? ¿Lo usará del lado del acompañante cuando viaja desde Olivos?)

Hay barrios en los que la policía no se anima a entrar. El Gobierno cuenta con una policía que no controla; teme ordenar algún tipo de represión (el fantasma de Kosteki y Santillán revolotea cerca, con la caída de Duhalde). La Justicia se ahoga debajo de toneladas de expedientes plagados de eufemismos y cada vez más lejos de la verdad. Algunos desesperados matan: lo hacen sin ninguna reflexión moral, ni política, ni económica; matan por miedo, o porque les divierte ver salir la sangre, o porque se les para o porque sí. Si somos iguales a ellos, estamos perdidos."

miércoles, 4 de marzo de 2009

En Contexto: Siúticos en Chile

La Vida Por Delante: Marta Rivas, Sobreviviente

Por cosas de la web, encontré recién una columna escrita en julio del año pasado por por Rafa Gumucio cuando murió su abuela, y es tan bella que no resisto ponerla en medio de los lagrimones que se me caen:

"Mi abuela, Marta Rivas González, murió el sábado 5 de julio a las tres de la mañana. Mi abuela, que era sólo palabras, que respiraba, bailaba, dormía, comía y bebía en ellas, se quedó sin la capacidad de decir más que algunos garabatos de vez en cuando y murmurar un especie de melodía interminable. De alguna forma fue una bendición que así fuera. Le habría cargado saber lo mucho que se resistió a la muerte. “Vivir mucho es una rotería sin nombre”, decía siempre. Decía también que la vejez era un exilio. Sabía ella más que nadie de exilios. Lo había sido dos veces, en 1927 con Ibáñez, y en 1973 con Pinochet.

La conocí yo en ese segundo exilio. Vivía por entonces, ella que había pasado su infancia en casas de tres patios, hoteles de lujo y departamento incrustado en el teatro Marcello de Roma, en un estudio que consistía en una sola gran habitación con un pequeño clóset donde dormía mi abuelo. No debía tener todo el departamento, incluido la terraza, más de cuarenta metros cuadrados. Quedaba al final de un escalera empinada que mi abuela limpiaba y encerraba ella misma una vez al mes. Nunca se quejó. Los exilios sucesivos le habían enseñado lo provisorio de todo. “Uno se compra una casa y todo se va a la mierda”, me decía siempre. Murió de arrendataria en un departamento igualmente blanco y azul como todos los suyos, en la calle Napoleón.

Detestaba la gente que defendía sus propiedades, la gente que cree que es dueño de algo, “las tontas con fundos”. Cuando le envidiaban ropa, libros u objetos, se impacientaba y los regalaba. Le bastaba a mi abuela para ser feliz una cama, un velador y un teléfono. “Yo soy una solitaria que le gusta tener muchas amigas a quien decirle lo feliz que estoy sola.” A cualquier hora, sobre todo si era más de medianoche, emprendía una ronda de llamados, contaba y corregía chismes, repartía noticias o cantaba en los contestadores automáticos de sus hijos y nietos. Cortaba de modo sorpresivo, dejándote siempre con alguna palabra en la boca, cuando sentía que estaba lateando. Nada le aterraba más que latear y que la latearan. Amaba la síntesis, la liviandad, el humor. Creía que la ligereza era una forma suprema de inteligencia. Su palabra favorita del inglés, era la palabra Clever. “Mira Jane Austen—me decía—. Sólo escribe de solteronas lateras, y de fiestas en el campo inglés pero es lo más genial porque habla sólo de lo que conoce”.

Hablaba de los libros como si se tratara de amigos, y de sus amigos como si fuesen libros. No había escritor más grande que Montaigne para mi abuela, porque hablaba de su hemorroides y de Virgilio con la misma intensidad. Adoraba a Proust, sobre el que escribió su único libro “Un mito proustiano”, porque veía en él una alma gemela que le había ayudado cuando se encerraba en Lima, a encontrar un lugar en el mundo del que no sería echada a patadas. Eso eran los libros para mi abuela, algo que los militares, los funcionarios, los curas no nos pueden quitar. A los doce años, exiliada en París, se sintió extranjera, rara, discriminada, y sacó de esa experiencia todos sus miedos y todo su orgullo. No pudo ser nunca del todo una señora chilena, una resignada madre de familia, una encantadora reina de salón, pero tampoco se atrevió del todo a ser una rebelde. Era partidaria del aborto, del divorcio y la eutanasia, pero no se separó nunca más de una semana de mi abuelo, y en un extraño ejemplo de fidelidad marital, empezó lentamente a morir cuando su marido ya no estaba en la pieza del lado. Le parecía una indecencia dormir en la misma cama que el marido, y una utopía la exclusividad sexual, pero no dudó en perder, por seguir a su marido en la política, amigos, amantes, parientes.

Cambió mi vida, dije antes, no porque gracias a ella leí y comprendí a Tolstoi, Chejov, Proust, Ibsen, Jane Austen, Simenon, o sus amigos Manuel Rojas, José Donoso, Gabriel García Márquez o Benjamín Subercaseaux. No cambió mi vida porque, de alguna forma, me obligó a ser el escritor que ella no tuvo nunca la paciencia de ser, sino porque me mostró día a día ese orgullo, esa dignidad de ser distinto, sin la cual la gente como yo o como ella somos fáciles de destrozar. Mi abuela me enseñó ese orgullo de ser un mal alumno, esa dignidad de no pensar como los otros, esa pachorra principesca que me sirvió de armadura en la batalla chilena. Mi abuela me enseñó a que lo raro son los otros, los que obedecen sin preguntar, los que no quieren saber sino acatar, los que no ven lo que están viendo.

El mundo de mi abuela, sus amigos, sus amigas, sus autores, sus alumnos, era un mundo de ejemplares únicos, de excepciones a la regla. Mi abuela me enseñó a disfrutar justamente de esas excepciones, a coleccionarlas. Ni un solo mueble, cenicero, jarro, o caja de té era igual a la otra en la casa de mi abuela. Todo estaba ahí por una razón, todo era sin par, todo asimétrico, y sin embargo armonioso en su conjunto.

Nadie pasa impunemente de ser una diosa a ser una viejita. En ese tránsito mi abuela fue perdiendo primero los recuerdos más cercanos, y luego cada vez más lejos hasta llegar a las muy diversas casas que habitó en cuatro rincones del mundo. Lima, Constantinopla, Ginebra, París, la casa en Vicuña Mackenna que perdió cuando mi abuelo se arruinó, y El Golf en Santiago, y las Torres de Tajamar. Luego ese silencio tan temido, del que tanto huyó, tomó por asalto su vida. Mi abuela, que había comenzado su vida entre rezos y mujeres, terminó así también peleando por su vida delante de su hijo mayor y su nuera.

Mi abuela, que había sobrevivido a dos exilios, pensó quizás sobrevivir a ese exilio supremo que es la vejez. Quizás de alguna forma lo hizo. No se sabe. Mientras tanto, sólo para sembrar las dudas, dejó de respirar obligándonos a nosotros a respirar un poco más, para compensar la pérdida."


Fuente: http://blogs.elmercurio.com/revistasabado/2008/07/11/la-vida-por-delante-marta-riva.asp