miércoles, 11 de abril de 2007

Hermógenes no pasa de moda

Como un ejemplo de que la ausencia de un debate de nivel en los medios no es por falta de plumas o miradas, recomiendo visitar este post antiguo (agosto del 2006) del Medioblog en que se discute sobre los columnistas políticos, Maza se explaya en qué consiste el ser facho, se discute la razón de la persistencia de Hermógenes y otras cuestiones que sería un lujo que se pudieran leer un domingo por la mañana en cualquier diario.

Estos son algunos
extractos:

"
Julio Osses. said...
Ser facho es y será repudiable, Gonzalo. No te preocupes.

Una vez entrevisté a Armando Uribe y me dijo que en Chile todo el mundo es facho hasta que no demuestre lo contrario. ¿Y la Concertación?. Uf. Espero que ser bacheletista no termine significando haber cambiado el Venceremos por el Venderemos (...lo dice alguién que votó por ella y la defiende, ojo....).

Maza said...
Hermógenes es otro bicho raro más de la cada vez más extrema fauna local. Para poder llegar lejos, para ser "reconocidos", debemos hacer un personaje. Ser reducibles a un high concept, una cadena de palabras cuyo significado final puede ser atractivo.

Columnista-facho-pero-divertido, sería Hermógenes. Mauricio Israel, por ejemplo, y él mismo lo ha dicho en entrevistas, hace unos cinco años era un comentarista-de-fútbol-nada y hoy es un comentarista-de-la-realidad-desbocado-y-facho. Es curioso, pero en Chile agregarle el mote de "facho" a alguien todavía tiene atractivo para la gente (mal que mal, esta es la entrada más larga de la Coneja). En otras partes la sola idea de que alguien sea "facho" es repudiable, pero acá todavía tiene el tufillo de, qué se yo, "si es facho me imagino que tiene plata". "O la tuvo".

En fin. Solo quería decir que en rigor, Hermógenes es divertido (a veces, porque en general es ofensivo) pero sus columnas están sobrevarolaradas. A mí no me iluminan ninguna realidad: me la ocultan. Son un egotrip, cada una de sus palabras son un culto de Hermógenes a la personalidad de Hermógenes. Son agotadoras. Me producen la misma curiosidad de los evangélicos que gritan en las calles los días domingo. No es una curiosidad muy duradera.

Y no me vengan con cosas: la calidad de una "pluma" está directamente vinculada con aquello que esa "pluma" escribe. Forma y fondo, insisto, no son separables como el pan y el queso."

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