viernes, 7 de septiembre de 2007

Ruiz: gracias x la trivia folclórica

por Antonio Martínez para el Wikén, de El Mercurio.

"Luis Buñuel, el director español, decía: "He estado siempre al lado de aquellos que buscan la verdad. Pero los dejo cuando creen haberla encontrado". La razón del abandono es que nada más encontrar la verdad, los buscadores se convertían en personas fanáticas, intolerantes tan llenos de discursos, pesados de sangre y lateros sin duda.

Es probable que al director Raúl Ruiz le pase algo similar y quizás todavía tenga temor, incluso a los 66 años, de encontrar la verdad. Algo que sus compañeros de ruta, en los pretéritos años de la Unidad Popular, no sólo creyeron encontrar: hasta organizaron varias cruzadas para la proclama.

Ruiz fue entrevistado por la televisión española en 1977 y el periodista quiso que evocara lo sucedido el 11 de septiembre de 1973, que reflexionara y recordara. La respuesta fue: "No sé, porque salimos todos arrancando". Una respuesta que quebró el juicio y el prejuicio del periodista, porque un director chileno desde el centro del exilio, traspasaba la verdad oficial y aún seguía buscándola.

Y quizás Ruiz, noche por medio, le ruega a Dios por eso mismo: mejor no encontrarla y seguir sin certezas.

Raúl Ruiz ha filmado unas 95 películas, entre cortos y largometrajes, documentales y ficción, en todos los formatos y sistemas. En Chile, Francia, Estados Unidos, Portugal, Italia o Colombia. A veces con presupuesto, pero la mayoría de las veces con pilchas y hule: "Yo he hecho cine como puedo. Como dice Nicanor Parra: 'el viento del espíritu sopla como puede"', dijo en 2002, cuando vino para una retrospectiva.

Siendo de un país lejano como Chile, Ruiz adaptó "La isla del Tesoro"; a Marcel Proust en "El tiempo recobrado" (1999); fue cuatro veces nominado a la Palma de Oro en Cannes; trabajó con Catherine Deneuve y John Malkovich; en el Festival de Berlín lo premiaron por su trayectoria. Prepara "La canción de Rolando" y nada le puede ser ajeno: es chileno y como no sabe nada, lo hará todo.

Es el conocimiento fracturado, universal y alucinante: habla de matemáticos, lingüistas o filósofos de todos los siglos, conoce la minucia y las anécdotas. Y si lo cuenta es porque sólo confía en la historia oral, que es la única que cambia, muda y se modifica en el tiempo: como sus películas, como él, como Chile.

Un país de cuento. Quizá su filmografía se parece a los cuentos chilenos que recopiló Yolando Pino y que están en la base de "La Recta provincia", la serie que produjo y exhibe Televisión Nacional.

Cuentos chilenos, en otras palabras es cuentos chuecos: como sus películas. Como él. Como todos. Donde se mezcla la más antigua tradición folclórica con las obsesiones del director. Y de la trenza surge algo difícil de ver en su cine: un cariño desnudo y emocionante por lo chileno. Naciente en "Días de campo" (2005), pero luminoso en los planos con la madre y su hijo: Rosalba (Bélgica Castro) y Paulino (Ignacio Agüero), los protagonistas de "La recta provincia".

Este es Chile. Es la recta provincia, donde todos cojeamos, asegura un diablo. La realidad, en consecuencia, es obtusa y ladeada. Un lugar donde muertos y vivos comparten, donde lo único perfecto son largos planos de montaña, bosque y cielo.

El santo y seña son los versos de "La Araucana", de Ercilla, y ser de la "U" es un pecado, según el colocolino Ruiz, que dedicó "Tres tristes tigres" (1967) al equipo que supo ser campeón. El Más Allá no entra en la cabeza de un carabinero, y un huaso trata de pasar por folclore auténtico una canción de Agustín Lara. Porque parece que las tradiciones están revueltas. Por eso los cuentos, en la memoria de Paulino, salen de la revista "Okey". Y además se sabe uno de "Quintín, el aventurero"; y otro de "Mandrake, el mago".

Este es el país más querido de Ruiz. Un país latinoamericano donde la Virgen es igual a la actriz mexicana Flor Silvestre. Sólo que entrada en años y ni el director Emilio Fernández la habría filmado con la intensidad dramática de Ruiz. Está la Convención Anual de Pecadores Mortales y Veniales, donde auspicia la Municipalidad de Picaflor, Licores El Canelo y Hoteles Las Carmelitas Descalzas. Y el diablo en serio, cómo no, siempre anda por Argentina o quizás es argentino. Como en su película "Nadie dijo nada" (1971).

Nada tampoco es lineal y cómo va a serlo. Si es chileno y por esos senderos avanzan Rosalba y Paulino: la madre y su hijo tonto, pero nunca tanto, que conviven con ánimas, discuten con diablos, intuyen a Dios, tocan un hueso con hoyos que dicen que es flauta y la voz de un espectro sediento ofende a la madre: "Tráete el aguardiente ¡vieja de mierda!".

"La Recta provincia" es un mundo irregular, disparatado y absurdo. Que está en "El tiempo recobrado", con un Proust que es un viejo chico y fisgón. Y cuando un marinero agoniza en "La tres coronas del marinero" (1983), viene de un barco errante y el puerto es desconocido. Pero sus últimas palabras tienen ritmo: "Cha–cha–chá, qué rico el cha–cha–chá".

Zapato chino. Esta visión de mundo presente en los cuentos de "La Recta provincia" rescata la clave del habla chilena. Una sintaxis sorprendente que explica el propio Ruiz mediante un ejemplo: "Está lloviendo. Se acerca una señora y yo le abro el paraguas y la señora me dice: '¿Puedo refugiarme bajo su paraguas?'. Y yo le digo: 'Por supuesto, señora'. Y ella me dice: '¿Usted se llama Fernando López de Mulchén, no?'. Yo le dije: 'No'. Y ella me dijo: '¿Y por qué?"'.

Es con ejemplos, cuentos y películas, parece, como mejor se entiende la gente.

Por ejemplo: ¿qué es el tiempo? "Como decía el finado Cortázar, ni vos ni yo, ni Jorge Guillermo Federico Hegel, sabemos lo que es el tiempo", dijo el director en 2002.

Raúl Ruiz no quiere saber demasiado. Mejor responder las preguntas menores y para eso están los cuentos y sus películas. Pero no las preguntas mayores, porque siempre se corre un riesgo: no vaya a ser que un día encuentre la verdad y se convierta en un camote. Es algo que ha ocurrido. Mejor disimular la búsqueda, ser divertido y convertirse en un ser único: un intelectual que anda feliz por la vida, mientras hace películas, chistes e inventa cuentos.

Ruiz: "Siempre me extraña una cosa: yo tengo bastante éxito como humorista en China. Todas las cosas que cuento hacen reír mucho a los chinos, y no en otras partes, donde me miran y piensan. Una vez en Cantón, conté un chiste chilote. El chiste es: Un chilote le dice a otro, 'Ah, yo creía que tú te habías muerto hace diez años', y el otro le dice, 'Pa qué lo negaré'. Eso es todo".

Dicen que la identidad nacional está a trozos en su filmografía. En 95 películas que nadie ha visto una por una. Pero si se ven todas con paciencia, igual se encuentra la verdad de Chile y los chilenos. Entonces es mejor ni ver ni saber, porque ya se sabe: el primero en descubrirla, apaga la luz. Una tragedia chilena. Mejor extender un manto chilote grueso, absurdo y bien abrigador.

Se dicen dos cosas en "La Recta provincia": por estos lados se llega a viejo y todos somos un invento. Son dos razones para que Raúl Ruiz, poco a poco, vuelva al lugar del que nunca se ha ido. A estas alturas, con tantas películas, premios y admiradores, la seguridad es total: en este mundo no está la verdad y el que busca no encuentra. Lo que hay son payas, punteos de guitarra, mucho diablo y poco ángel. Está doña Rosalba y el bueno de Paulino, los paisajes, todos somos cuentos y el nombre de Chile, que es el nombre del invento."

2 comentarios:

martinez... no tenemOs ni tele dijo...

a mi me ha parecido sorprendente, la descripción tierna y metafisica de nuestra identidad... eso que siempre se discute por lo inasible que resulta...

me recuerda algunas fabulas orientales. un éxito el telefilme. hostias!

cienfuegos dijo...

Yo encuentro que La Recta Provincia es como el lado luminoso de Twin Peaks.
El tono de los personajes lo encuentro increíble. No imagino las instrucciones que pueden recibir para no actuar así.