lunes, 20 de febrero de 2006

Cartas anexas ... (2a)

licenciado


Carta II

Del Licenciado ... al Profesor ...

Playa de los Benditos Perdidos, 21 de febrero de 19...


Los grandes hombres cometen grandes errores. Valga usted de prueba irrefutable. La playa, pechos furiosos, entrepiernas arenosas, sudor y basura de turista y todo lo demás es un escenario único para un vouyear del alma como usted. Comprendo, aunque no comparto, su preocupación por esa entelequia que llama occidente ?ya hemos discutido anteriormente la inexistencia de esa otra entelequia que usted llama alma?. Para mí sólo existen los ojos que brillan después de un par de frases ingeniosas y los ojos que se apagan después de un par de jadeos. Lo demás es un intermedio a rellenar con los cuartetos del viejo Juan Sebastian, la guitarra de algún bluesero muerto o algún animal literario encontrado en librerías de viejos.


Por acá, las lolitas -ya lo dijo Nabokov- hacen de los wikén un torneo con jugoso premio, una liturgia con muerte y resurrección. Y de lunes a viernes las madres de dichas señoritas, ex-nínfulas y actuales esposas de oficinistas y burócratas agradecen la atención dispensada (y vaya que lo agradecen, mi apreciado Profesor). De mis últimas cacerías por los estantes del viejo Paco, el librero amigo nuestro, encontré el ejemplar que me faltaba para completar mi colección de Edwards Bello. Premio nacional de periodismo y premio nacional de literatura.
¿Cuándo, mi querido magister, volveremos a tener esa mezcla espléndida de cepajes en un solo hombre? Los Lafourcades, Villegas e incluso su sobrino Jorge Edwards palidecen como fotocopias asoleadas, apenas ejecutan desafinados 'covers' del viejo maestro. Quizá Gumucio, ese anciano woodyallenesco de 30 años algo se acerque si deja su patética misoginia, pero aún no ha conocido una buena mujer o un buen psicólogo, o mejor aún, ambas cualidades contenidas en un espléndido soporte, a modo de Beatriz de un Dante sudaca.
El tiempo ha estado de maravillas y es una verdadera pena que desaproveche usted mi convite con tan fútiles raciocinios. Me encuentro sumamente interesado en una dama repleta de hambre y sed de lecturas viciosas. Es esposa del animador de ese programa de televisión llamado ... ; mi inquieta amiga saborea cada vez con mayor esplendidez las lecciones del viejo marqués y no teme la aventura cuando está bien escrito el guión.


Por otro lado, vivimos en telechile y mientras usted no logre aparecer en pantalla su campaña de salvación de almas (y sus respectivos cuerpos) no avanzará un centímetro. Mi última compañera de juego podría ayudarle a usted, pero quizá sería necesario un contacto personal entre ustedes. Algo netamente profesional, se entiende. Su número telefónico es el ...

Lleno de piedad por su inútil esfuerzo le saluda

El Licenciado ...

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